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Etnohistoria: Artículos

Información sobre el aprovechamiento de cetáceos en documentos históricos y etnográficos referidos a la costa de Fuego-Patagonia. 

Florencia Borella
Programa de Estudios Prehistóricos. PREP/CONICET

Introducción

La información etnográfica resulta muy valiosa en la formulación de hipótesis vinculadas a la interpretación del registro arqueológico. La etnohistoria intenta comprender los fenómenos a la escala de los pequeños grupos en un contexto que en términos de F. Braudel correspondería al tiempo corto de los acontecimientos (Necker 1984). Si bien las escalas de interpretación son diferentes en arqueología que en etnohistoria la utilización de información procedente de fuentes documentales (históricas y etnográficas), a nuestro parecer, resultan sumamente útiles en el sentido que da Binford (1995) "las ideas más simples de cómo un sistema puede estar organizado para producir un registro arqueológico altamente variable no se acercan para nada a la complejidad de un sistema real". Así las fuentes documentales enriquecen nuestro acercamiento al pasado.

En el caso particular de nuestro estudio la utilización de dichos datos apunta a conocer la variabilidad en el aprovechamiento de los cetáceos. Estos restos son frecuentes en el registro arqueológico costero presentando patrones recurrentes. Ello hace necesario indagar en el uso de estos mamíferos por parte de las poblaciones prehistóricas y así generar expectativas e hipótesis acerca de su presencia en los sitios.

Para Tierra del Fuego contamos con una gran variedad de fuentes etnográficas, muchas de ellas editadas, como también con gran cantidad de relatos de viajeros y etnógrafos que han visitado la Isla en diferentes momentos. En cambio, para Patagonia meridional la información es mucho más escasa. El uso de información etnográfica como herramienta de trabajo no necesariamente tiene que restringirse a los grupos de cazadores-recolectores que ocuparon el área en la que ahora trabajamos. Dado que lo que buscamos es generar hipótesis, la información etnográfica de otros lugares del mundo puede resultar asimismo interesante para explorar la variabilidad en el uso de ballenas y delfines, teniendo en cuenta el contexto de cada caso. Así por ejemplo pueden resultar útiles datos obtenidos de grupos esquimales.

Cuestiones relevantes para nuestra investigación

En muchos sectores costeros es factible encontrar carcasas de cetáceos depositadas por el mar. Esta circunstancia, común a todos los seres vivos que habitan en el mar, lleva a que frecuentemente se hallen varados ballenas, delfínes, lobos marinos, peces, algas, moluscos, crustáceos, etc.

El registro arqueológico evidencia que en tiempos pasados grupos de cazadores-recolectores utilizaban la costa aprovechando sus recursos. Algunos sectores fueron visitados con mayor intensidad que otros. En la costa atlántica de Tierra del Fuego los sitios arqueológicos presentan una localización que nos lleva a reflexionar sobre espacios privilegiados.

Hemos observado que en determinadas unidades del paisaje como lo son las playas ubicadas cerca de la desembocadura de ríos, en los cañadones o en las bahías son mejores las posibilidades de acceso a los variados recursos que brinda el mar, entre ellos los cetáceos. Esto, como veremos más adelante, es concordante con las observaciones efectuadas por los distintos viajeros que visitaron estas tierras a partir del siglo XVII.

Por otro lado debemos ocuparnos de los restos de mamíferos marinos en contexto arqueológico. En términos cuantitativos, los cetáceos aparecen en menor proporción que los restos de otros mamíferos marinos como por ejemplo los pinnípedos. Ahora bien, hay dos aspectos interesantes a tener en cuenta. Por un lado, los estudios etnoarqueológicos informan que es factible el aprovechamiento de grasa y carne de un cetáceo, sin que por ello sea necesario el trozamiento del animal o el acarreo de piezas óseas a los lugares de campamento (Savelle 1984, Savelle 1996), esto se relaciona directamente con la anatomía de estos animales. Por otra parte los restos arqueofaunísticos de cetáceos en sitios fueguinos muestran un alto porcentaje de fragmentos óseos con huellas culturales (Borella 1996 MS), así como artefactos confeccionados en huesos de cetáceos.

De esta forma la información etnográfica y los documentos históricos (fundamentalmente los diarios de viajes), se presentan como interesantísimas fuentes de datos que nos permiten analizar cuestiones en relación a:

I - ¿Cómo era el acceso a este recurso?

Nos interesan las crónicas de los viajeros en cuanto a observaciones de varamientos de cetáceos en la costa. Esta información es pertinente en cuanto a la evaluación de la disponibilidad y accesibilidad a este "recurso" para las poblaciones prehistóricas.

II - ¿Qué información existe acerca del consumo de carne y/o grasa de ballenas y delfines?

En cuanto al consumo, la evidencia arqueológica es muy endeble, pero dada la latitud en que nos encontramos, la necesidad de ingesta de grasa debió ser sumamente importante, especialmente en determinados períodos del año. Como veremos en las citas, distintas fuentes atestiguan tal consumo.

III - ¿Cómo ha sido el uso de los restos de cetáceos, como por ejemplo huesos y barbas de ballenas, para la confección de instrumentos? ¿Qué información brindan las fuentes en cuanto a tecnologías sobre huesos de cetáceos para el momento de contacto?

I - Acerca de la disponibilidad y acceso a los cetáceos

La información acerca de localidades en donde era factible hallar restos de cetáceos es apreciable en varios relatos. Por ejemplo para Patagonia meridional hay información muy temprana, del siglo XVI tomada del diario de viaje de Pedro Sarmiento de Gamboa [1584]:

"Pasada la primera angostura, que es [a] 14 lenguas del Nombre de Jesús, llegamos a una gran bahía del estrecho donde había grandísima suma de huesos de ballenas, disformes de grandes, que entrando a parir por el estío,dan a la costa y mueren, y así los naturales de allí comen de aquella carne y de lobo marino, que es para ellos sustento ordinario" (Sarmiento de Gamboa 1988: 282-283, destacado nuestro).

Gonzalez de Najera [1601] afirma que las ballenas eran muy abundantes en la costa meridional de Chile y que desde los cerros costaneros podían verse gran cantidad de ellas. Señala, además, que sus huesos abundaban sobre la costa y que eran utilizados para hacer asientos (tomado de R. Donoso-Barros 1975:5).

Otro relato que presenta datos relevantes para nosotros corresponde a otro cronista, Pedro Lozano [1745], que dice:

" salió el piloto Varela a registrar si era el río de Santa Cruz o el Gallegos, o algún otro puerto: que volvió al anochecer, sin haber hallado entrada por la parte en que estaban ancorados,[...]. En la playa halló una ballena muerta, y vieron muchas huellas de animales, y hallaron parte del campo recién quemado, de donde concibieron esperanzas de hallar al día siguiente algún puerto y ranchería de indios" (tomado de Pedro de Angelis 1969. III:605, destacado nuestro).

También el explorador Ramón Lista en su "Viaje al país de los Tehuelches" menciona: "En la Bahía [de Santa Cruz] hay muchos peces y cetáceos" Lista (1879:43, destacado nuestro).

Otros datos de interés más recientes, de mediados de este siglo, provienen del etnógrafo J. Emperaire quién realizó observaciones de grupos canoeros actuales, de la boca occidental del Estrecho de Magallanes:

"Las ballenas se aventuran por los canales marítimos y suelen ser sorprendidas por la marea que baja, quedándose en seco en algunas bahías, donde no tardan en morir." J. Emperaire (1963: 122)

"Aún hoy, los alacalufes [...] Durante sus desplazamientos en canoa, tienen la costumbre de inventariar las playas de las bahías a donde las corrientes puedan llevar algunos restos, tablas, troncos rodados, etc. [...] No dejan pasar un hueso de ballena que pueda servir" J. Emperaire (1963: 151).

Toda esta información es pertinente en cuanto a la evaluación de la disponibilidad y accesibilidad a este "recurso" para las poblaciones prehistóricas. Notamos que hay cierta concordancia o recurrencia entre los diferentes relatos en cuanto a los lugares en donde se observaron varamientos en tiempos pasados y también recientes: playas en bahías y desembocaduras de ríos aparecen una y otra vez. Entonces, tanto para Patagonia meridional como para el norte de la Isla de Tierra del Fuego, en donde los grupos eran cazadores-recolectores de recursos terrestres, tales observaciones pueden resultar útiles para la localización e interpretación de algunos sitios costeros.

A continuación referimos menciones a nivel específico de cetáceos observados en diferentes sectores de la costa atlántica de Patagonia meridional. Esta información da una idea de la variedad de tamaños de cetáceos circulando por estas aguas.

"Los grandes cetáceos frecuentan las costas entre Puerto Deseado y Cabo Vírgenes. En mi segundo viaje vi en ese puerto algunos huesos de Balaenoptera bonaërensis y Sibbaldius antarcticus." (Lista 1975: 100).

"También suelen aparecer varados en las playas atlánticas, ejemplares de diversos cetáceos, especialmente Balaenoptera intermedia, o Balaenoptera patagonica Burm., como también varias especies de delfínidos" (Outes 1905:234).

Para Tierra del Fuego el etnógrafo C. Gallardo (1910:69) presenta una lista de cetáceos hasta ese momento conocidos; entre las ballenas menciona varias especies de Balaenoptera como la B. intermedia, B. patagónica, B. schlegelii; y entre los delfines al Tursio peronii, Lagenorhyncus fitzroyi, L. cruciger, L. floweri, L. obscurus, Globicephalus melas y Orca magallánica.

Para Tierra del Fuego el etnógrafo C. Gallardo (1910:69) presenta una lista de cetáceos hasta ese momento conocidos; entre las ballenas menciona varias especies de Balaenoptera como la B. intermedia, B. patagónica, B. schlegelii; y entre los delfines al Tursio peronii, Lagenorhyncus fitzroyi, L. cruciger, L. floweri, L. obscurus, Globicephalus melas y Orca magallánica.

II - Consumo de carne y/o grasa de ballenas y delfines

La información en este sentido es amplia para Tierra del Fuego y muy escasa en Patagonia meridional. Esto último podría deberse a la gran extensión territorial en relación a la faja costera en el continente, lo que implica un mayor recorrido para acceder a ella, la menor cantidad de viajeros y la concentración de recursos es por otra parte menor.

Las citas en todos los casos se refieren principalmente al consumo y aprovechamiento de la grasa.

Patagonia Meridional.

"en aquellas costas mueren muchas ballenas sin que las maten. La mar brava las deja en la costa y aquestos gigantes [patagones] las comen." (Oviedo 1851-55,II:43, tomado de Prieto y Van de Maele 1995: 98).

En Tierra del Fuego las rigurosas condiciones ambientales marcan también la necesidad de consumo de grasas, especialmente en determinada época del año. Algunos autores han señalado que dicha necesidad podía ser cubierta de varias formas, entre otras con el aprovechamiento de cetáceos varados (Borrero 1986: 247-256). Justamente son los datos obtenidos a partir de fuentes etnográficas los que permiten sostener ello, ya que no existe evidencia arqueológica directa hasta el momento que nos permita sustentarla.

Al respecto es abundante y variada la información en donde se menciona el aprovechamiento de ballenas varadas, un recurso excepcional y de disponibilidad azarosa. Reseñas como la de Darwin tomadas de su diario de viaje a bordo del Beagle en diciembre de 1832 son ilustrativas: "si es descubierto el cadáver semipodrido de una ballena, eso es la señal de un gran festín. Se hartan entonces de ese innoble alimento" (Darwin 1942:264)

También hemos obtenido datos de interés en los documentos del Archivo Salesiano Central de Buenos Aires. (ASC), como por ejemplo un manuscntar el derrotero de la goleta María Auxiliadora menciona lo siguiente:rito del P. Pascual Paesa en donde al come

"partió de Punta Arenas el 3 de mayo de 1895 con el fin de recorrer el Estrecho de Magallanes y recoger los indios que encontrase en el camino que quisieran ir a la Misión de Dawson. [...] En el Puerto Gallant y San Miguel recibió varios indios y pasó a la isla Castellano donde había varado una ballena, que los indígenas habián ya casi terminado, quedándole sólo una costilla y un pedazo de espina dorsal. Allí encontró muchas cabañas hechas de ramas, como un pequeño pueblo pero los indios se habián ido." (Paesa MS: 22 [ACS-201])

Otra mención aparece en un manuscrito anónimo que relata anécdotas del P. Pedro Marabini en su visita al la Misión Nuestra Señora de la Candelaria (1906) en donde comenta haber visto una fotografía de una ballena varada que es consumida por los indios:

"un grupo de indios que echados de bruces como perros hambrientos, muerden ávidamente las partes más grasas del enorme cetáceo disputado al nubarrón de buitres que graznan airadamente, a muy poca altura" (anónimo 4 hojas [ACS-201.1]).

Puede aclarase que este sacerdote al hablar de buitres se refería en realidad a aves marinas, las que muy frecuentemente aparecen mencionadas en otros relatos (por ejemplo Gallardo 1910: 205; Gusinde 1982: 406).

Otras fuentes etnográficas comentan que eventos de varamientos de grandes cetáceos posibilitaban la congregación de numerosos grupos Selk'nam. Es un ejemplo el relato del misionero L. Bridges de la ballena que varó en cabo San Pablo:

"Cerca de la ballena encallada se habían reunido alrededor de ciento cincuenta onas del cercano distrito, de los cuales unos treinta eran hombres. [...] Los aficionados a la carne de ballena habían levantado dos campamentos, vecinos y en excelentes relaciones." (Bridges 1978: 321).

Son también relevantes en este sentido las observaciones del etnógrafo Martín Gusinde:

"Los límites trazados se suprimen inmediatamente cuando el mar arroja una ballena sobre la playa. Este acontecimiento, celebrado con júbilo, se anuncia desde lejos por densas nubes de aves marinas. La noticia corre de boca en boca, y el gentío afluye al lugar. Nadie debe impedirlo." (Gusinde 1982:406)

Una interesante descripción de como se aprovechaba un cetáceo varado aparece en un informe del Navío la Purísima Concepción que naufragó en la costa oriental de Tierra del Fuego en 1765:

"el último día de Febrero vino a varar una Ballena en la punta del O. de nuestro Puerto, y a una tropa de sesenta Indios, que se iban de pasada, llevando la misma derrota, que los antecedentes, todos cargados de lo que cogieron hacia el estrecho, cuando repararon en la Ballena vinieron, y se alojaron en el alto de la misma punta dentro del bosque donde había como una docena de chozas, desde donde todos los días bajaban hombres, y mujeres con sus chiquillos, y perros a sacar pedazos de Ballena, que aunque estaba podrida, comían tanto de el magro, como del gordo ya crudo, ya asado [...]. Los que esta faena se empleaban en cortar sobre la Ballena, se ponían en cueros, y los otros tiraban desde abajo, de modo que atajadas como de aquel dentro de tres ó cuatro días no le dejaron ningún gordo" (tomado de H. Schindler 1995:182)

Otro relato del siglo XVIII, del P. García Martí [1766-7] (tomado de Emperaire 1963), comenta un banquete análogo que duró un mes y que tuvo lugar en la isla de Guayaneco. En esa oportunidad dos grupos de indios (probablemente chono y alacalufes) se congregaron para consumir una ballena varada, pero además aprovecharon la reunión para resolver una antigua contienda, lo que produjo un saldo de 11 indios muertos.

Para principios del siglo Dabbene quien recorrió Tierra del Fuego también observó la reunión de indios a propósito del varamiento de una ballena:

"los yahganes son también muy amantes de la carne de lobo y de ballena. En tiempos pasados, cuando estos indios eran aún numerosos, era para ellos una fiesta el día en que uno de esos grandes cetáceos quedaba varado en la costa. De todas partes llegaban piraguas cargadas de gente de los alrededores. El animal era cuidadosamente cortado y cada uno se llevaba cuanto podía. Los pedazos eran puestos en todos los charcos de agua que había alrededor del campamento, bien cubierto de piedras y ramas para que los perros y los zorros no se los devoraran. Cuando les faltaban los recursos recurrían a esa reserva, y muchas veces la carne ya estaba en estado de putrefacción sin que eso les causara asco alguno el comerla" (Dabbene 1902: 61).

Gallardo escribió al respecto:

"cuando la buena fortuna le depara una ballena; entonces si; arma su choza en la vecindad de la Jóchin como ellos la llaman y permanecen allí hasta que terminan de comerla, operación que llega a durar un año." (Gallardo 1910: 241).

Las fuentes mencionan distintas maneras en que la grasa de ballena era consumida: cruda (Gallardo 1910:172), asada o tostada al fuego (Gusinde 1982: 277; Bridges 1998:30) o también luego de haber estado enterrada por algunos días. La práctica de esconder grasa en los turbales (Gusinde 1982: 407) o sumergir pedazos de la misma en el agua de un arroyo (Gallardo 1910:171; Bridges 1998:89) como forma de almacenaje aparece mencionada en varias oportunidades por distintos autores:

"Los pedazos de grasa de ballena o foca se introducen en los pantános o en el lodo, y se colocan encima garrotes o tarugos de madera para aumentar su peso; luego se cubren con piedras o terrones de césped." (Gusinde 1982:279).

Sin embargo no todas las carcasas de cetáceos resultaban agradables al paladar:

"Los yámana siempre tenían que contar con una desilusción en el caso de que un ciyix (ziphius) fuera arrojado a la costa; la grasa de éste no cae bien y tiene un efecto purgante, cosa que le es bien conocida a través de una larga experiencia" (Gusinde 1986:500-501)

En suma, los varamientos de ballenas y delfines fueron eventos significativos que posibilitaron la reunión de gran cantidad de personas. Muchas veces, conviviendo durante varios días (hasta un mes mientras había grasa y carne disponible) grupos diferentes de una misma región (Selk’nam) o de regiones vecinas (Chonos y Alacalufes), lo cual significaba una ocasión social importante en donde podían realizarse ceremonias como por ejemplo la celebración de un hain (Chapman 1986: 44) o la resolución de antiguos pleitos como mencionamos más arriba. Las fuentes aportan valiosísima información no sólo acerca de cómo era el aprovechamiento de la carne/grasa y el modo de conservarla para consumo futuro, sino también en relación a otros usos de la grasa o aceite de ballena, como por ejemplo el de untarse el cuerpo para protegerse del frío (Gusinde 1986:396); su utilización en la preparación de la pintura corporal (Gallardo 1910:259); en el sobado de los cueros (Gallardo 1910:265, 286) así como su valor como objeto de intercambio (Gallardo 1910:291 y 354; Bridges 1998:88).

III - El uso de los cetáceos en la confección de artefactos

Las ballenas y grandes cetáceos además de su uso como alimento podían resultar interesantes en cuanto a utilizar sus partes como materia prima para la confección de artefactos variados, veamos el siguiente comentario de J. Lewis a propósito del varamiento de un pequeño ballenato de unos 17 pies de largo:

"Los huesos resultaron ser demasiados cortos para los propósitos de los nativos, como entretejer sus canoas de corteza; las costillas y otros huesos, reforzados con calor, fueron transformados en cabezas de flechas; los tendones divididos en filamentos y tejidos resultaron excelentes líneas de pesca." (tomado de T. Bridges 1998: 30).

Otros usos incluyen la confección de peines,

"Ona combs [...] were sometimes cut from a piece of wood or whale-bone; often they used a porpoise or an otter jaw". (Lothrop 1928: 68)

"Para ordenar el cabello y quitarse, en alguna medida, los piojos emplean un peine que se fabrica de dos formas diferentes. La forma denominada amcen es una pieza rectangular de barba de ballena en la que se han cortado toscamente alrededor de sus dientes" (Gusinde 1982:203)

"En cambio el hom es el hueso maxilar asl que se ha limpiado superficialmente, con los propios dientes del pequeños delfín Kaskax. Mide 12 cm de largo y es muy resistente." (Gusinde 1982:204)

La información etnográfica ha sido frecuentemente utilizada en relación a los artefactos óseos (entre otros Orquera et al. 1977, Casiraghi 1986, Legoupil 1989). Al respecto sólo mencionaremos dos cuestiones, en primer lugar existe cierta coincidencia entre las fuentes en cuanto a la mención de uso de determinados huesos de cetáceos para la confección de ciertos artefactos óseos. Esto resulta interesante ya que la recurrencia citada en la utilización de costillas y mandíbulas para la confección de cuñas o grandes arpones coincide con la evidencia arqueológica. En segundo lugar señalaremos que las etapas tecnólogicas son igualmente pasadas por alto y sólo contamos con brevísimas menciones, como es el caso de las siguientes:

"La cuña que acabamos de describir se fabrica del tejido más pesado de grandes huesos de ballena, pues se frotan bajo presión sobre una piedra plana." (Gusinde 1986: 480, destacado nuestro).

"Yahgan barking tools: The Yahgan employ two kinds of tools for removing bark from trees. [...] is made from a large piece of the jaw-bone of a whale and has a blade usually at each end." (Lothrop 1928: 141, destacado nuestro).

"La coincidencia entre esta arma [venablo para leones marinos de los Haush] y el mismo objeto en posesión de los Yámana es tan exacta, que salta a la vista que se trata de un préstamo. [...] La punta de hueso, de unos 25 cm. de largo, es sólida y tiene en el centro 9 cm. de espesor. Se fabrica de la costilla de alguna ballena que se encuentre en la costa. Una vez que se ha logrado darle la forma en bruto, afilándola sobre una piedra arenisca áspera se continúa la tarea más fina puliéndola con piedra pómez" (Gusinde 1982: 226-227, destacado nuestro).

"Pour la fabriquer , les Fuégiens emploient un os de baleine, quelquefois un os de phoque, mais les os de baleine sont préféres, à cause de leur longuerer plus grande. Ils taillent, avec leur couteau (ciseau en feu ou en coquille). Ces os dábord degrossis, et qui, une foi terminés, présentent sur le bord une entaille ou plusieurs dents". (Hyades y Deniker 1891: 355, destacado nuestro).

"Así con el tiempo tal vez casualmente vinieron a conocer que el hueso, aún el más duro, humedecido con la saliva se ablanda y se deja trabajar, como se deja enderezar cuando torcido poniéndolo al fuego de lado convexo. De modo que no obstante cuchillos tan endebles cuales son las conchas y a pesar de la dureza del material - hueso de ballena- trabajan sin embargo y con bastante perfección esa arma [arpones] que les es tan útil" (Beauvoir -foto 7- [ACS 6.5])

En suma, las descripciones son someras y se refieren a algunas etapas de la confección, no agotan la variación tecnólogica aunque permiten la siguiente reflexión: tanto el pulido como el aserrado o el afilado son modalidades de manufactura que no dejan vestigios por lo que no podemos esperar hallar evidencias de estas actividades en el registro arqueológico.

Las crónicas presentan asimismo información sobre otras partes utilizadas, como los tejidos blandos, que difícilmente se preservan a través del tiempo. De esta manera en una amplia gama de objetos se utilizan elementos derivados de cetáceos: baldes de corteza cocidos con barbas (Gusinde 1986: 485), lazos corredizos [trampas para aves] realizados con barbas (Cojazzi 1914: 49; Gusinde 1982: 264) y bolsas confeccionadas con intestinos u otras vísceras (Lothrop 1928: 68).

Todo ello nos da una idea de la gran variabilidad de usos que daban los cazadores-recolectores en Tierra del Fuego a los cetáceos, un recurso que aparece aislado, naturalmente, y de forma azarosa pero relativamente frecuente.

Conclusiones

A la luz de la información etnográfica y etnohistórica los cetáceos eran aprovechados en forma mucho más variada que la que el registro arqueológico permite suponer. Así, el transporte de sus partes debió haber sido más importante de lo que las evidencias sugieren.

En cuanto al consumo, el registro cultural es especialmente endeble, si bien en algunos pocos casos pueden vincularse huellas de corte con consumo de carne o grasa en términos generales, no es ésta la vía más adecuada para determinar tal actividad. Hemos aprendido que el aprovechamiento de cetáceos cubre una gran variedad de usos, algunos aquí presentados, lo que muestra parte de la complejidad de los sistemas culturales que, gracias a las fuentes etnográficas, podemos conocer mejor. También el uso de fuentes ha permitido evaluar las posibilidades de identificar sitios en la costa que puedan vincularse a eventos de varamientos de cetáceos, así como pensar cuales son los indicadores que pueden ser de utilidad para discriminar entre procesos tafonómicos y procesamiento cultural.

Para finalizar podemos destacar que la información etnográfica o etnohistórica, aunque en muchos casos no cuente con correlato arqueológico, permite generar modelos útiles para mejorar la interpretación de los modos de vida a apartir de la evidencia perdurable.

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