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Etnohistoria: Artículos

Testimonios escritos sobre el Noreste de la Provincia de Buenos Aires

María Magdalena Frère
Instituto de Ciencias Antropológicas. Facultad de Filosofía y Letras. Universidad de Buenos Aires

Introducción

Se presentan los datos obtenidos luego de una búsqueda bibliográfica referente a la zona costera del noreste de la provincia de Buenos Aires.

En primer lugar delimitaré el área de mi interés, complementando con información geográficos y paleoambientales.

En segundo lugar, presentaré datos que ofrecen los escritos de viajeros, misiones y cronistas. En este punto quiero hacer notar la falta de precisión con que, muchas veces, se presenta la información, particularmente en cuanto a nombres de grupos humanos y su localización se refiere. Los escritos de estos viajeros y misiones se han ordenado cronológicamente. Muchos de ellos ofrecen información sobre zonas vecinas, como la desembocadura del río de La Plata y costa sur del río Paraná, que también ha sido tenida en cuenta.

Finalmente presentaré brevemente los resultados de los estudios arqueológicos que se han realizado esto últimos años.

Ubicación, descripción geográfica

El sector noreste de la provincia de Buenos Aires pertenece a la pampa ondulada, definida por Daus (1946) como una llanura con ondulaciones ocasionadas por una red de drenaje relativamente abundante. Sala (1975:172) subdivide este sector en una zona septentrional, otra medio y una tercera meridional. La primera se desarrolla entre el arroyo Medio y el río Luján, caracterizada por un relieve uniforme más marcado que en los restantes. La segunda se extiende hasta el arroyo El Gato, más suave pero con niveles más cambiantes de las curvas en la mitad inferior de las cuencas y un ensanchamiento de los valles fluviales hacia los tramos terminales. La última, la de mayor interés para nosotros, comprende las cuencas de arroyos pequeños con lo topografía más llana de la región, cuya altura media alcanza 5 m.s.n.m.

En cuanto a la flora, Cabrera (1944:267) piensa que hasta fines del siglo XIX, la zona ribereña del Plata debió estar cubierta por una densa selva marginal extendida hasta el partido de Magdalena, o tal vez más allá, interrumpiéndose quizás al hacerse saladas las aguas del río. Punta Lara es la zona donde esta selva se conserva más intacta, y en general sobre las partes arenosas del albardón que separa el río de la Plata de los terrenos bajos e inundables que se extienden hacia el interior. En cambio en los albardones calcáreos prosperan bosquecillos xerófilos con predominio de Tala (Celtis spinosa) como los que se extienden por el borde noreste de la provincia de Buenos Aires (Cabrera 1944:269-270).

Un estudio de plantas autóctonas del Partido de Magdalena realizado por la Fundación E. Shaw de Pearson, menciona la existencia de bosques naturales, donde predominan los Talas (Celtis tala) y estos bosques llegaban antiguamente hasta Mar del Plata, formando franjas cercanas a la costa. Otros árboles que se hallan en estos bosques naturales son: Coronillo (Scutia buxifolia) y Sombra de Tor (Jodina rhombifolia), y algunos arbustos como la brusquilla (Colletia spinossisima Gmel) (Barbeti 1982:20-27).

Estos bosques favorecen la existencia de numerosos animales, como armadillo, venados, avestruces, tigres, etc. Pero en la actualidad la fauna residual silvestre no es abundante y está constituida principalmente por bóvidos y equinos (Austral 1978:70).

Podríamos plantear la posibilidad de una adaptación ambiental diferente en la zona de bosques a la que se dio en la zona de campo abierto con escasos recursos de agua y leña. Este es un tema que debe ser profundizado. La adaptación al habitat del monte ofrece más posibilidades para una habitación más sólida y estable.

Fuentes etnohistóricas

En cuanto a la información que nos han dejado viajeros misiones en sus documentos escritos sobre el área en cuestión, podemos decir que muchos han tenido contacto directo con los grupos que habitaban la pampa bonaerense y otros han recibido información de terceros.

El propósito de analizar estas fuentes es, por un lado, acercarnos a comprender la situación en que se hallaban estos grupos en el momento de contacto con el español y cómo eran sus particulares formas de vida.

Por otro lado, estos datos etnohistóricos serán de gran importancia para la posible ubicación de sitios arqueológicos, y para complementar nuestros estudios del pasado bonaerense.

Al revisar en forma preliminar estos escritos, nos encontramos con varios inconvenientes. Primero, son muy pocos los viajeros que recorren la costa, puesto que en ella es escasa la presencia de agua y leña. Segundo, la localización y los nombres de los grupos etnográficos mencionados por estas fuentes escritas son muy poco precisos. No podemos establecer si se trata de parcialidades dentro de un mismo grupo, o corresponden a entidades independientes. Es decir que, al revisar estos documentos, nos encontramos con una innumerable lista de nombres de grupos humanos que difieren según los autores, sin señalar qué categoría poseen o qué implica o significa cada uno de esos nombres.

Debemos aclarar que las fuentes consultadas corresponden a distintas épocas, a intereses diversos y nos ofrecen información de distintas áreas de la pampa bonaerense. Finalmente, los datos que presento se limitan al área de mi interés.

Los documentos que revisamos hasta el momento son:

Luis Ramírez (1527), quien acompañó a Gaboto en su viaje la río de la Plata (en Madero 1938);

Diego García de Moguer (1527) que exploró el litoral del río de la Plata y del Paraná (en Madero 1938);

Antonio Rodríguez (1536) sacerdote de la expedición de Mendoza;

Ulrico Schmidl (1562) soldado alemán que acompañó a Mendoza;

Juan de Garay (1582) Cartas y Documentos de repartimientos de indios y de tierras;

Diego de Góngora (1620) Cartas del gobernador del río de la Plata al rey;

Martín Strobel (1740) carta del misionero jesuita;

Isaac Morris (1741) náufrago inglés que recorrió el sudeste de la actual provincia de Buenos Aires;

Tomás Falkner (1746) misionero jesuita, describió su viaje desde el pueblo de la Concepción hasta el río Colorado;

José Sánchez Labrador (1936) misionero jesuita, no estuvo en el río de la Plata y recogió testimonios de terceros;

Félix de Azara (1796) militar español, realiza un recorrido por la línea de frontera;

Pedro A. García (1822 y 1836) militar español, realiza varias expediciones a las Salinas.

Presentamos a continuación los datos obtenidos de estos documentos éditos, exponiendo la información que nos ofrece para diferentes ítems como: descripción geográfica, fauna, localización de grupos indígenas, movilidad, modos de subsistencia, armas, viviendas, vestido y adornos, organización social y comercio.

Con respecto a la descripción geográfica encontramos numerosos datos: es muy frecuente la referencia a la falta de agua en la región, como se menciona en la carta de Luis Ramírez de 1527, donde expresa que los querandíes beben la sangre de los animales cazados "hay tierra muy rasa y desabrigada de malos pastos, falta de leñas" (Madero 1938). Pero también se menciona su obtención de bosquecillos de tala cercanos a los ríos y arroyos, como por ejemplo el bosque del río Salado (Falkner 1957: 84, 97-98; Cardiel 1956:137; Morris, 1956:33). Cardiel menciona otras plantas de las cuales se obtienen leña como Lengua de Buey y Brusquilla (1933:268-280).

Los datos referentes a la fauna costera provienen, en su mayor parte, del sector meridional de la provincia de Buenos Aires. Cardiel (1933:275) en su viaje al sur de la reducción de los pampas, observó que más allá de las sierras del Volcán no se hallan cerdos alzados ni jabalíes. Para la misma época, el náufrago inglés Morris, en su viaje a pie desde la costa del sur de Buenos Aires hacia el río de la Plata, vio gran cantidad de perros y caballos salvajes, algunos venados, huevos de avestruz enterrados en la arena (aunque no vieron ninguna de estas aves), cerdos salvajes, tigres y leones (Morris 1956:30-33 y 40). Los náufragos ingleses estaban rodeados de fieras y, según Morris, estos animales acostumbran, en invierno, hacer incursiones hasta el mar (1956:35). Morris y sus compañeros cazaban para comer focas marinas y armadillos, y recogían mariscos en las costas (1956:29 7 38).

Al penetrar al río Paraná, Gaboto hace referencia a la fauna que observó. Se componía principalmente de: venados, lobos, avestruces, tigres, leones guanacos ("ovejas salvajes del grandor de una muleta de un año, de pescuezo muy largo a manera de camellos"), serpientes y culebras, lagartos, monos y orangutanes (Madero 1938:102).

El mayor problema lo encontramos al intentar precisar la localización de los grupos aborígenes de la Pampa. Como ya dijimos, los autores presentan diferentes nombres de las comunidades con quienes toman contacto o hacen sus observaciones. Por eso, se hace difícil individualizarlos e intentar limitar su territorio.

En este momento no pretendemos resolver este problema, nos limitaremos a presentar los datos que ofrecen los distintos autores.

Schmidl, en su viaje con Mendoza, escribe que hallaron en el río de la Plata "un pueblo de casi 3000 indios llamados Querandís" (Madero 1938:152). En la época de la conquista se conocía como "Querandíes" a los cazadores situados en una vasta región de la provincia de Buenos Aires.

En el siglo XVII se generaliza el término pampa, para todos aquellos grupos que se encontraban en las grandes llanuras, cercanos a la ciudad de Buenos Aires. Se les daba distintos nombres según los lugares que habitaban. Sánchez Labrador nos informa de esto: "A unos llaman Pampas Magadalenistas porque en cierto tiempo de carestía y hambre vinieron de tierra adentro y se repartieron para subsistir por las inmediaciones de algunas poblaciones, o casas de españoles, situadas en un lugar llamado el Pago de la Magdalena, cercano a la ciudad (Buenos Aires). Por la misma razón dicen a otros Pampas Matanceros, porque se arrimaron a las caserías del Paga nombrado Matanza" (1936:29).

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Para Azara, los indios pampas eran los antiguos querandíes y ellos mismos se daban el nombre de puelches (Azara 1847:113). Moncaut (1981:26) limita más el territorio de esta parcialidad de los pampas y de los puelches, ubicándolos en las cercanías de Buenos Aires.

Otros grupos que habitaban por los alrededores de Buenos Aires eran los charrúas. Diego García, en su memoria del viaje de 1526 al río de la Plata, ubica a los charrúas en la entrada del río, en su banda norte (Madero 1938:404). En la descripción del viaje de Azara de 1796 dice que en tiempos de la conquista, los charrúas se ubicaban en la costa septentrional del río de la Plata, desde Maldonado hasta cerca de la boca del río Uruguay (Azara 1847:100).

En el siglo XVI, algunos viajeros del río de la Plata (Ramírez, Diego García, Schmidl, Torres, Garay) recorren el río Paraná llegando hasta el Paraguay. Esta región escapa a nuestro interés y es aquí, particularmente, donde la nomenclatura de etnias se hace muy confusa. Nos interesa mencionar los grupos que aparecen en los alrededores del fuerte Sancti Spiritu, donde entre otros se hallaban los querandíes, carcarais, chanaes, beguás, chanaes-timbú, timbúes, guaraníes.

En el repartimiento de indios que hizo Garay en 1582, figuran entre otros, grupos guaraníes. Este hecho hace pensar a Muñiz que tribus de esta nación poblaban también los campos de Buenos Aires, llevando probablemente sus correrías hasta el Salado y compartiendo el territorio con los querandíes (1929:30). Outes tiene la misma opinión, y dice que llama la atención el hecho de llamar al río Salado, Tubichaminí (palabra guaraní) prueba de que los guaraníes hicieron sentir su influencia hasta allí (Outes 1897:21).

Otros grupos que pudieron acercarse a la región septentrional de Buenos Aires, son los araucanos. Para mediados del siglo XVIII, el Padre Strobel, desde la reducción de Nuestra Señora del Pilar escribe: "Lo que el otro día he avisado a V.R. a los Aucas armados en el Tandil, fue verdad. Buen trozo de ellos pasó hacia el Saladillo (río Salado) ellos buscan qué robar" (en Lehman Nitsche 1922:73).

En cuanto a la movilidad de los grupos del noreste de la provincia de Buenos Aires, Schmidl dice que los querandíes no tienen paradero propio en el país y vagan por la tierra, son incansables en la marcha ya que hacían jornadas de más de 30 leguas (1947:39). Sánchez Labrador (1936:103) escribe que los grupos pampas y de patagonia son inquietos y andariegos y por esta razón mudan continuamente sus toldos. ......................................

El principal modo de subsistencia de los grupos de la pampa bonaerense, era la caza y la pesca. Schmidl cuenta que al entrar en un campamento querandí encontraron "corambre sobado de nutria u otter, como se las llama, y mucho pescado, y harina de pescado, hecha de pescado, también manteca de pesado" (Schmidl 1947:40).

En la carta de Ramírez al mencionar los grupos que estaban en los alrededores de Sancti Spiritu, escribe que los carcarais, timbú y guaraníes eran los únicos que sembraban maíz, calabazas y habas. Las demás naciones (chanaes, beguas, chanaes-timbú, querandíes) se mantenían con carne y pescado (Madero 1938:384).

Azara dice que después de la segunda fundación de Buenos Aires, los indios pampas se retiraron hacia el este viviendo de la caza de tatúes, liebres, ciervos, avestruces, etc. y también caballos silvestres que se habían multiplicado mucho (1847:113-4).

En el viaje de Garay hacia el sur de Buenos Aires relata que estos hombres cazaban lobos marinos y venados, con cuyos cueros hacían sus vestidos y vivienda.(Garay 1915)

Los náufragos ingleses en su viaje por la costa hacia Buenos Aires cuentan que se proveyeron, para iniciar esta travesía, de carne seca de foca (Morris 1956:27). El mismo autor dice: "habíamos matado tantas focas que ahora se volvieron muy ariscas de nosotros y las habíamos comido durante tanto tiempo que estábamos casi indigestados, pero no se podía disponer de otra cosa" (Morris 1956:31).

Poco se sabe de la forma de cocinar las presas cazadas. Azara dice que "la cocina (de los charrúas) se reduce al asado. Para esto ensartan la carne en un palo cuya punta clavan en tierra, de modo que quede algo inclinado: así le arriman el fuego" (1847:106). El autor cuenta cómo los varones charrúas se emborrachan con aguardiente o chicha, que se prepara "desliendo miel en agua y dejándola fermentar". Sánchez Labrador cuenta de los indios pampas cómo hacía chicha de algarroba (1936).

Veamos ahora con qué armas estos grupos cazaban. Ramírez nos informa que los querandíes cazaban con arco y flecha y bolas de piedra unidas con "una cuerda atada que las guía" (Madero 1938:384). Schmidl dice que "los querandíes tienen para arma unos arcos de mano y dardos, estos son hechos como medias lanzas y adelante en la punta tienen un filo hecho de pedernal. Y también tienen una bola de piedra y colocada en ella un largo cordel" (1947:41). El autor relata un ataque a la ciudad de Buenos Aires de grupos querandíes, guaraníes, charrúas, chaná-timbú, los cuales tiraban flechas encendidas hechas de caña.

Para fines del siglo XVIII, Azara escribe que los pampas usaban una especie de lanza o dardo hecha de palo puntiagudo, y también bolas. Entre estas últimas, las hay de 3 piedras forradas con piel de vaca o caballo, hay otras que llaman "bola perdida también forrada en piel y sala del forro una correa o cordón de cuya punta toman para hacer girar la bola no sólo para la caza sino también para la guerra" (Azara 1847:118). Este autor aclara que los pampas no usan arcos ni flechas, aunque algunas crónicas antiguas lo dicen pero, según Azara, estos arcos y flechas pertenecían a los guaraníes que, aliados a los pampas, hicieron la guerra a los españoles (1847:118).

En su viaje a la costa bonaerense, Garay relata que los indios con quien se encontró hacían sus viviendas con cueros de venados (Madero 1938:271). Azara describe las viviendas de los pampas hechas de cueros de caballo (1847:117).

Durante el viaje de Garay hacia el sur de Buenos Aires en 1581 observó que, la gente "se abrigaba con mantas de unos animales que hay como liebres y de gatos monteses" (Madero 1938:271). Más tarde, Azara dice que los indios pampas "para entrar a Buenos Aires se ocultan con el poncho sin descubrir el pecho, ni otra cosa que la cara y manos; las indias casadas con indios ricos y sus hijos se adornan más y con mejores prendas; cosen en un poncho o manta 10 o 12 planchas de cobre delgadas, redondas". Agrega que estos hombres cuando corren por el campo van totalmente desnudos, pero usan sombrero, chupa o chamarra y poncho cuando hace frío. Es interesante el dato que nos da Garay sobre el uso de ropa de lana que obtenían "de la cordillera de las espaldas de Chile" (Madero 1938:272).

Azara nos trae abundante información acerca de los adornos y cuidados personales de los aborígenes del río de la Plata. Comenta que las mujeres de los indios pampas no se pintan pero usan collares y pendientes (1847:116). A diferencia de estos, los charrúas no se adornan ni se pintan pero el día que aparece la primera menstruación se pintan la cara con rayas que son "indelebles porque las ponen picando la piel y poniendo arcilla negrizca". Agrega que a los varones recién nacidos se le realiza un agujero en el labio inferior y se introduce un "barbote". Describe el cuidado que tienen con su cabello y comenta que los adultos se ponen plumas blancas verticales (1847:104-5).

Son escasos los datos vinculados a la organización social. En relación a los indios pampas, el gobernador Góngora en un informe que escribe en 1620, dice que estos indios vivían amancebados con dos o tres mujeres, y el propio cacique Bagual tenía tres mujeres (Molina 1948-49:32). En cuanto al cuidado de los hijos, Azara escribe que "manifiestan más ternura por sus hijos, aunque en nada los instruyen, y los alimentan hasta que se casan" (1847:117).

Con respecto a la herencia del título de cacique dice que los pampas "heredan de su padre este empleo, pero lo pierden también si los indios encuentran otro que les de pruebas de mayor talento, astucia y coraje" (Azara 1847:117). El mismo autor agrega: llaman parcialidad de indios al conjunto del cacique con sus gentes, aunque a veces se compone de dos o más caciques y sus gentes. Estas parcialidades de la misma nación, se separan hasta 50 y más leguas, se visitan a menudo y se juntan para guerrear. La forma de comunicarse es mediante señales de humo. Según el número y la forma de los humos que hacen, se avisan el día y el lugar donde se han de juntar, si hay enemigos y en qué lugar.

En los primeros viajeros casi no existen datos relacionados con los aspectos sociales o religiosos. Ramírez en su carta de 1528 rescata un dato de costumbres funerarias de los timbúes. Escribe que las mujeres tienen por costumbre, cada vez que se muere algún hijo o pariente, de cortarse una coyuntura de los dedos de la mano (Madero 1938:386).

Con respecto al comercio, ya vimos como Garay había observado la presencia de ropa de lana en los indios pampas, y que la obtenían de grupos de la cordillera (Madero 1938:272). Latcham sostiene que los querandíes del siglo XVI llegaban hasta el sur de Mendoza y comercializaban cestería y pieles pintadas con los indios de la región, las que vendían a los guaraníes del río de la Plata y luego a los españoles de Buenos Aires (Latcham 1929:137). Azara escribe que los indios pampas intercambian productos con los indios de la costa patagónica, con otros grupos que están más al sur y con indios de la cordillera de Chile (1847:115).

El Pago de Magdalena

Hasta el momento expusimos la información obtenida de algunas fuentes escritas relativas al río de la Plata y pampa bonaerense. Ahora nos limitaremos a la zona conocida como Pago de Magdalena.

Ante todo, veremos cuál es la ubicación aproximada de este paraje. Salvadores (1930:13), en su Ensayo sobre el Pago de Magdalena, escribe que al finalizar el siglo XVI, a partir de la segunda fundación de Buenos Aires, el nombre de Magdalena se extendía desde el sur del Riachuelo de los navíos hasta la ensenada del Samborombón, como límite sur; y desde el río de la Plata al este, hasta el río Samborombón por el oeste. Durante el siglo XVII, a partir de 1632, según la fecha más remota que se posee, la denominación de Pago de Magdalena, aparece en todos los documentos, extendiéndose hasta el río Salado, designando con este nombre todas las tierras de dominio español.

Un trabajo escrito por la Municipalidad de Magdalena en 1977 (MS) nos ofrece datos en relación al origen del nombre: "Al pueblo (de la Magdalena) se lo refería también como el "Pueblo de las Islas", debido a que sus terrenos presentan pequeños montes de Tala y Ceibos aislados entre sí, y también por los continuos desbordamientos del río y de la cañada (...) en un añejo mapa se lee "San José de la Magdalena" y la denominación de Pago de la Magdalena desde 1630 en todos los documentos".

En el repartimiento de tierras realizado por Garay en 1580, las tierras al sur de la ciudad de Buenos Aires se conocían como el valle de Santa Ana. Como lo afirma Carbia, parte del Pago de la Magdalena, particularmente la zona de la cañada de Arregui, formaban parte de este valle (1933:143).

El Pago de la Magdalena fue eregido en curato en 1730 y se le fijaron sus límites con el curato y Pago de la Matanza, siendo subdividido en 1780 en otros tres: el de la laguna de la reducción, hoy San Vicente; el de los Quilmes; y el de la isla. Este último, se denominó también "Santa María Magdalena" y constituyó desde 1784 el Partido de Magdalena.

Los ataques a los poblados españoles por parte de grupos indígenas constituyeron un problema. Un acuerdo del cabildo del 6/2/1659, nos dice que se acordó mandar una persona que obligara a los indios serranos a retirarse a sus tierras y que no pasasen a esta banda del río Salado, y agrega que los indios tubichaminí, que están congregados con estos serranos, vuelvan a su antigua reducción (Acuerdos del extinguido cabildo, T.XI:103). Pero a partir de mediados del siglo XVIII, la actitud indígena constituyó un verdadero peligro. Existían circunstancias que acentuaron esta situación. Por un lado, el desarrollo de la población española en tierras circundantes a la ciudad; por otro lado, el desplazamiento, cada vez mayor, hacia esas zonas de los aucas o araucanos de Chile. Se posee información sobre los asaltos de estos malones al pago de la Magdalena (Crivelli 1991).

En el primer tercio del siglo XVIII, las tribus que obedecían al cacique Cacapol acampaban al norte del Salado. Guardaban buenas relaciones con los españoles, lo que les permitía organizar cacerías en los límites de los partidos de Matanza, Conchas y Luján, no tolerando estos indios que se acercaran otras tribus a estos campos, lo que daba cierta seguridad a Buenos Aires (Muñiz 1929, Crivelli 1994).

En el año 1740, a causa de muertes injustas realizadas por los españoles, hubo una rebelión general bajo la dirección del cacique Cacapol y su hijo Cangapol, llamado cacique Bravo. Estos diezmaron el partido de Magdalena. Durante el gobierno de Ortíz de Rosas se llegó a negociaciones con las tribus. En 1776, recrudeció la guerra y los campos de dicho partido fueron nuevamente desvastados. Pedro de Ceballos despachó una fuerza contra los indios, con orden de degollar hasta a los rendidos, a causa de la cruelísima guerra que los indígenas hacía a los españoles en el Pago de la Magdalena ((Falkner 1957).

Ante los continuos ataques de los malones se resolvió establecer, a mediados del siglo XVIII, compañías de Blandengues en puntos fijos, llamadas guardias. Se distribuyeron así> una en Salto, cabecera del río Arrecife, otra en la laguna Brava, para proteger la frontera de Luján, y la tercera, en la laguna de Lobos para proteger los pagos de la Matanza y Magdalena. Luego se establece la del Zanjón para proteger a este último pago (Salvador 1930:21). El autor nos informa también sobre la existencia de la Guardia del Rincón de Todos los Santos. Las invasiones de los indígenas que llegaban hasta Quilmes y Matanza, tomaban el camino del Pago de la Magdalena, encontrando poca resistencia. Para cortarles el camino se había destacada un grupo de 25 hombres al mando del Sargento Mayor Clemente López, en el Rincón de Todos los Santos. Esta guardia fue reforzada con 100 hombres en 1768 (1930:23). En realidad, ninguna de estas defensas fueron obstáculo para los ataques indígenas.

Otros tipo de fuentes de nuestro interés son las relacionadas a las reducciones establecidas en el río de la Plata, fundamentalmente a cargo de misioneros franciscanos. La información de estas reducciones no es abundante y ofrece pocos datos sobre las características de los grupos que estuvieron allí. La duración de las mismas fue de unos pocos años. Esto se debe, entre otras causas, a la pobreza de las misiones, a la soledad en que vivían los misiones (Millé 1961:234), y a las características de los hombres que debían reducir, que abandonaban constantemente la misión (Sánchez Labrador 1936:22; Carbia 1914 T II:13-16). A esto se sumaban los ataques de los grupos hostiles a las reducciones.

El empadronamiento de 1620 ofrece datos sobre reducciones de la jurisdicción del río de la Plata (Carbia 1914 T.I:115 y Molina 1948/49:35-37):

* Reducción de San José, del cacique Bagual, sobre el río Areco, a 16 leguas de Buenos Aires, fundada por el gobernador Marín Negrón, en el año 1611. El gobernador Góngora al visitar la reducción consignaba una serie de datos: 59 indios a indias cristianas, 99 infieles, más de 70 muchachos de ambos sexos de 1 a 12 años.

* Reducción de Santiago de Baradero: sobre el brazo del río Paraná, a 25 leguas de Buenos Aires: con 76 indios, 65 indias y 58 muchachos. Era un grupo agricultor, sembraba maíz.

* Reducción del cacique Tubichaminí que, al estar dentro del área de nuestro interés, nos resulta sumamente interesante.

Su ubicación y la época de su levantamiento no son datos que podamos definir con precisión y existen diferentes opiniones. En cuanto a la época de fundación hay quienes dicen que ya existían en 1604. Otros la ubican recién en 1615 (Marfany 1940, Bruno 1967 T.2:194 y Molina 1948-49:38).

Tampoco se sabe cuándo esta reducción dejó de existir. Sánchez Labrador afirma de una manera poco precisa que "duró poco esta reducción por la natural inconstancia de los pampas" (1936:22). Furlong (1938:13) escribe que en 1619 la misión había decaído sensiblemente y no se sabe si a fines del siglo XVII existía aún la reducción. Pero se sabe que había un núcleo de población, de manera que en 1730 se constituyó, en el Pago de la Magdalena, la primera parroquia que hubo en la campaña bonaerense.

Salvadores no establece la fecha de desaparición de esta reducción pero dice que en 1651, el cura Juan Muñoz Vejarano estaba en ella (1930:27). Bruno dice que esta reducción fue decayendo con los años hasta perderse del todo. En 1627, no tenía doctrinante y en 1655 en una Relación se escribe que sus feligreses eran "hasta 20 fieles y otros infieles (...)" asimismo, fue esta reducción de los religiosos franciscanos y la dejaron porque el cura no tiene preciso sustento" (Bruno 1967 T.2:195). Otra fecha que indica ya su dispersión, es la de 1640. Para esta fecha Luis Gaytán escribe la relación de sus méritos y dice que había acudido "a recoger los indios de la reducción Tubichaminí" (Torre Revello 1958:235). En 1659, el Cabildo invita a los tubichaminí que se reintegren a la reducción de la que habían hecho abandono (Carbia 1930:29). Todo hace pensar que esta misión estuvo instalada durante la primera mitad del siglo XVII, aunque con una inestable existencia.

En cuanto a su ubicación geográfica hay distintas opiniones (ver Trelles 1862 T.1:17-20; Marfany 1940:321; Pastellas 1912 T.1:284; Carbia 1914:115; Salvadores 1930:171/2; 1934:321). Podemos decir en base a estas opiniones que la reducción estaba situada entre los ríos Santiago, por el norte, y la cañada de Arregui, al sur.

Son pocos los datos que estas fuentes escritas nos ofrecen sobre la filiación y costumbres de los aborígenes de esta reducción. Según Molina eran de "raza y costumbres" idénticas a los del cacique Bagual. El Cacique Tubichaminí se había casado con una hija de Bagual (Molina 1948-49:38). Otros autores (Salvadores 1930:170/ Torre Revello 1958:232) dicen que los indios de esta misión son una tribu de la nación mbeguá o meguay, basándose para esta afirmación en el repartimiento de indios realizados por Garay que dice: "otrosí dijo, que ponía en cabeza de Juan de Garay, hijo natural del dicho señor General, al cacique Quengipen (palabra no guaraní) que por otro nombre se llama Tubichaminí (palabra guaraní) de nación meguay, con todos sujetos los indios sujetos al dicho cacique" (Outes 1897:155). Según Azara, los tubichaminí eran una tribu de la nación guaraní (Torre Revello 1958:232). También sería necesario profundizar la búsqueda de material etnohistórico sobre la reducción Tubichaminí, en esos y otros documentos inéditos.

Pobladores tempranos del norte de la Provincia de Buenos Aires

Los estudios arqueológicos han permitido acercarnos al conocimiento del poblamiento del noreste pampeano.

Desde las primeras décadas de este siglo, distintos autores han trabajado en sitios arqueológicos del noreste de la provincia de Buenos Aires (Maldonado Bruzzone 1931, Vignati 1931,1942, Aparicio 1932, Cigliano1963, 1966,1968, 1971, Cerutti y Crowder, Austral 1974, 1978). Y en los últimos años se realizaron nuevos estudios enfocados a la tafonomía, análisis de los datos y contrastación de hipótesis (Paleo y Pérez Meroni 1995, Pérez Meroni y Paleo 1995, Acosta et al 1991, Lezcano 1991, Loponte 1996-1998) .

El área fue ocupada por grupos cazadores-recolectores-pescadores. Las fechas, obtenidas por los análisis radiocarbónico, se hallan entre los 1700 y 200 años AP. Tenían una estrategia de subsistencia con una base de recursos muy variada. Estos grupos explotaban especies faunísticas muy diversas provenientes de ambientes terrestres, fluviales y lacustres. Entre los restos se encuentran: el ciervo de los pantanos (Blastoceros dichotomus) y el venado de las pampas (Ozotoceros bezoarticus), coypo, aves, peces y moluscos de agua dulce. Tambien se encuentran artefactos y desechos líticos, instrumentos de hueso y abundantes restos de vasijas de cerámica. La alfarería se caracteriza por ser lisa, o con incisiones geométricas y algunas están pintadas. Sus formas son variadas pero predominan las globulares y subglobulares.

Los sitios arqueológicos se localizan en zonas no inundables, en lomadas a orillas de ríos y lagunas. Las ocupaciones son muy densas por lo que se piensa que estos sitios fueron utilizados frecuentemente y por períodos prolongados.

Existiría algún tipo de sistema de intercambio ya que el registro se hallan elementos que no son del área como materia prima lítica, pigmentos. No es claro cuáles habrían sido los mecanismos de acción de este intercambio. Se trataría de partidas pequeñas hacia otros territorios, o se estaría ante algún sistema de circulación de bienes.

Pocos siglos antes de la conquista llegaron poblaciones guaraníes a esta zona noreste de la provincia de Buenos Aires. Con su influencia se introducen algunas innovaciones importantes: plantas domesticadas (maíz, calabaza) y nuevas técnicas de manufactura cerámica. Su influencia se extendió probablemente mas allá del litoral platense (Pérez Meroni y Paleo 1995, Aldazábal 1991).

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