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Etnohistoria: Artículos

Relaciones fronterizas en la Provincia de Buenos Aires

Lic. Silvia Ratto1

RESUMEN
El historiador chileno Sergio Villalobos inició una importante renovación historiográfica en los estudios sobre las relaciones de frontera y, en vinculación con ello, también de la sociedad indígena que modificó sustancialmente la imagen existente sobre la vida fronteriza de Arauco Esta nueva perspectiva desplazaba el centro de interés desde los enfrentamientos armados entre las dos sociedades hacia las distintas formas que adoptaban las relaciones pacíficas. En este trabajo nos centraremos en la situación de contacto establecida en la provincia de Buenos Aires entre la sociedad provincial y un conjunto muy acotado de grupos indígenas, los llamados "indios amigos" que se asentaron en la frontera, en el período también acotado en que se puso en práctica un sistema de relación que se llamó "negocio pacífico de indios". La capacidad de negociación de estas parcialidades era muy limitada por lo que este sistema se estructuraba en términos de desigualdad. Esto lleva a que analíticamente se pueda caracterizar al sistema de vinculación entre el gobierno provincial y las tribus amigas como un sistema interétnico. Este modelo de análisis presupone la union de dos poblaciones que aun teniendo objetivos diametralmente opuestos crean una relacion de interdependencia. La misma no se da en terminos de igualdad a pesar de la dependencia mutua que tienen los grupos en determinadas esferas sino que un segmento del sistema se halla subordinado al otro.

INTRODUCCION

Hace poco más de una década, el historiador chileno Sergio Villalobos inició una importante renovación historiográfica en los estudios sobre las relaciones de frontera y, en vinculación con ello, también de la sociedad indígena que modificó sustancialmente la imagen existente sobre la vida fronteriza de Arauco. El punto central de su tesis se centraba en una revisión de la imagen tradicional que ponía el énfasis en el carácter bélico de las relaciones entre españoles y araucanos. En efecto, uno de los mayores logros de esta nueva perspectiva sería el acento puesto en los múltiples contactos pacíficos entablados entre las dos sociedades. Un concepto central en su análisis sería el de relaciones fronterizas designando como tal la compleja gama de relaciones que combinaba choques bélicos periódicos con el contacto pacífico generado por la misma convivencia fronteriza. Haciéndose eco de este planteo inicial surgieron un par de libros colectivos que modificaron sustancialmente la imagen de la frontera de Arauco a los que siguieron investigaciones más puntuales sobre algunos aspectos de esta problemática2.
Esta nueva perspectiva que desplazaba el centro de interés desde los enfrentamientos armados entre las dos sociedades hacia las distintas formas que adoptaban las relaciones pacíficas también ha comenzado a ser desarrollada en nuestro país3. En gran parte estos avances han indagado fundamentalmente en cuestiones internas de la sociedad indígena y cuando se ha analizado la interacción con la sociedad blanca ésta se ha centrado en dos aspectos: el contacto comercial y las alianzas políticas entre los dos grupos.

Recientemente, la noción de "relaciones fronterizas" ha sido fuertemente criticada en un trabajo realizado por Foerster y Vergara (1996). Los autores impugnan la interpretación de la historia indígena que ha surgido a partir de esta perspectiva sosteniendo que algunos historiadores han querido explicar la historia indígena a través de la historia fronteriza e inclusive reducirla a aquella. Los puntos centrales de la crítica apuntaban a que el concepto mismo de relaciones fronterizas era por un lado, limitado espacial y temporalmente ya que circunscribía el análisis al espacio geográfico de la frontera y al tiempo en que ésta se mantuvo y por otro, marcaba solo uno de los sentidos de la relación: la progresiva incorporación de los indígenas en la sociedad mayor.
Como puede verse estas críticas se dirigían a aquellos trabajos que intentaban sustituir el estudio de la historia indígena por el análisis de los contactos producidos en el marco de la frontera. Sin embargo, precisamente las consideraciones de Foerster y Vergara sobre las "limitaciones" del concepto son las que llevan a que nos resulte sumamente útil la utilización del mismo. En efecto, en este trabajo no pretendemos realizar una visión general de la historia de los indígenas en el área pampeana sino precisamente nos centraremos en la situación de contacto establecida entre la sociedad provincial y un grupo muy acotado de grupos indígenas, los llamados "indios amigos" que se asentaron en la frontera, en el período también acotado en que se puso en práctica el llamado "negocio pacífico". 

SOBRE EL "NEGOCIO PACIFICO"

Hasta fines de la década de 1820, las negociaciones con los grupos indígenas del sur de la provincia habían sido llevadas en forma personal por los hacendados de la campaña quienes tenían a su cargo el costo derivado de los obsequios que realizaban a las principales figuras de la tribu para mantener una relación amistosa. Recién con la llegada al gobierno de Juan Manuel de Rosas el Estado provincial monopolizó los contactos interétnicos y se ocupó de financiar la política indígena4.
Esta se caracterizó por la conjunción de una acción negociadora tendiente a la captación de algunas parcialidades y otra de guerra ofensiva hacia aquellas que no aceptaran las condiciones de paz5. El sistema de relaciones pacíficas con algunos grupos indígenas implementado por Juan Manuel de Rosas durante sus gobiernos se conoció con el nombre de "negocio pacífico de indios". 

El negocio pacífico incluía dos mecánicas diferentes de relación con los indios amigos. Mientras algunos grupos realizaban pactos de no agresión con el gobierno manteniendo su asentamiento tradicional (a los que llamamos tribus aliadas), otras parcialidades por motivos diferentes, se avenían a situarse sobre la línea de frontera a inmediaciones de algún fuerte donde pudieran ser controladas a la vez que prestar servicios militares cuando fuesen requeridos. A estos grupos nos referiremos como tribus amigas. Las tribus que se acogieron a la protección de la frontera debieron abandonar, junto con su lugar de asentamiento, distintas prácticas que los relacionaban con la sociedad criolla en un "plano de relativa igualdad dado por la autonomía territorial y política de los indígenas" (Palermo 1991).Una vez que la parcialidad, mediante acuerdos de no agresión, ingresaba al sistema, comenzaba a recibir con distinta frecuencia y en cantidades diferenciales según el grupo de que se tratara, las raciones del gobierno. Precisamente la peculiaridad de la política pacífica implementada por Rosas se basó en que, por primera vez se consagró un rubro particular del presupuesto provincial para sostener ese sistema.
Luego de la caída de Rosas el sistema se desestructuró y se produjo un importante retroceso de la frontera entendida como límite oficial de la ocupación del territorio blanco.
El sistema del negocio pacífico captó a tribus agotadas en sus recursos y perseguidas por sus enemigos a las que obviamente les seducía la posibilidad de obtener protección y ayuda económica como veremos más adelante. De esto se desprende que la capacidad de negociación de estos grupos era muy limitada por lo que este sistema se estructuraba en términos de desigualdad. Esto lleva a que analíticamente y siguiendo a Cardoso, se podría caracterizar al sistema de vinculación entre el gobierno provincial y las tribus amigas como un sistema interétnico. Este modelo de análisis presupone la union de dos poblaciones que aun teniendo objetivos diametralmente opuestos crean una relacion de interdependencia. La misma no se da en terminos de igualdad a pesar de la dependencia mutua que tienen los grupos en determinadas esferas sino que un segmento del sistema se halla subordinado al otro (Cardoso de Oliveira 1968:341). Esta interdependencia se verifica en diverentes niveles como por ejemplo, en la articulación económica y en la articulación política. Además, esta dualidad de complementariedad y oposicion lleva a que la situación de contacto se realice en términos de fricción interétnica entendida como "el carácter conflictivo de las relaciones interétnicas moldeadas por una estructura de subordinación-dominación" (Cardoso de Oliveira 1977:285) y que en el caso que estamos analizando estaría representado por los frecuentes roces en la frontera, incursiones en los respectivos territorios, robos en las estancias y rompimiento de tratados. 

Ese parece haber sido el clima en que se desenvolvía la vida cotidiana en la frontera bonaerense6. Al inicio del negocio pacífico, durante el asentamiento de los indios en el interior de la provincia en un área escasamente poblada y peor controlada por el estado, éste no parecía contar con el beneplácito de los hacendados. Una carta de Diaz Velez fechada en septiembre de 1831 es representativa de la visión con respecto a la política indígena del momento: 
"Los Indios se pasean como dueños por nuestros campos considerandose amos de todo quanto hay en ella, de tal modo que el otro dia llego un casique ala estancia de Diaz Velez y habiendose resistido el capataz a darle caballos a 60 y tantos indios que lo acompañaban, aquel recojio las manadas de su autoridad, los hizo mudar a todos y se marcho, sin que auxilio alguno protejiese la propiedad atacada. (...) Estos malditos indios como encuentren a qualesquiera solo en el campo, lo desnudan y roban. Quando llegan a las Estancias por necesidad y sino por fuerza tienen que dar las Potrancas y lleguas para que se mantengan y para que lleben á sus toldos, bajo la pena que de no hacerlo asi se ven amenazados por ellos los propietarios y odiados y expuestos a que les arreen las manadas del campo. En una palabra somos feudatarios de ellos, sea por temor o por que no hay quien apolle la fuerza que se les podria oponer. Ellos nos repiten que estan autorizados para hacer todo esto por el mismo gobernador (sabemos que esto es falso) (...)" (Archivo General de la Nación, en adelante AGN, Sala X, legajo 23.9.5).
Coincidiendo con esta apreciación, en una carta enviada a su hermano desde Azul en agosto de 1831, Gervasio Rosas comentaba que "resta ponernos de acuerdo sobre la conducta que debera seguir con los pampas que son los mas diablos ... hede castigar al que no ande derecho ... no se puede tolerar mas su insolencia ... yo creo que ha llegado el tiempo de corregirlos y hacerlos entrar en sus deberes". Y haciendose eco de un sentimiento más general, agregaba pocos meses después que "Todos en la campaña, pobres y ricos, federales y unitarios estan de acuerdo en castigar definitivamente e los indios" (AGN,X,24.5.2). 
Esta visión adversa parece haberse modificado al variarse algunos aspectos del negocio pacífico que tendían a delimitar el campo de movimiento de los indios amigos y a controlarlos por las guarniciones militares. Así, en 1835 el comandante del fuerte Independencia informaba a Rosas que los hacendados de la zona denunciaban que los indios en sus boleadas no dejan de apropiarse de lo ajeno "no por esto crea V.E. que los hacendados estrechen demasiado al que firma a dar este aviso" (AGN,X,25.1.4A)
Para esa fecha existían tribus amigas asentadas en los alrededores de cinco fuertes y puestos de frontera: Federación, 25 de Mayo, Tapalqué, Independencia y Bahía Blanca. Pero, de cuántos eran los indios amigos en esta época?


La población indígena en la frontera

De norte a sur de la provincia de Buenos Aires las tribus amigas asentadas en la frontera eran las que respondían a los cacique ranquel Llanquelén en el Fuerte Federación, las de los caciques pampas Catriel y Cachul en Tapalqué y la del cacique chileno Venancio en el fuerte de Bahía Blanca. 
El cacique ranquel Llanquelen era considerado en 1814 uno de los caciques fronterizos más fieles por parte de las autoridades de la provincia de Córdoba lo que hace referencia a su temprana elección de aliarse con gobiernos provinciales. Dos años más tarde y respondiendo a su pedido, las autoridades provinciales le extendieron un pasaporte para dirigirse a Buenos Aires junto con una recomendación al Director Supremo en donde se informaba "la bondad y onrades con que se porta". No resulta claro qué relación entablaría el cacique con esta provincia, lo que se ve es la percepción que tenían los indígenas sobre la existencia de distintos poderes "blancos" que les posibilitaba jugar con sus alianzas. En 1822 aún permanecía en la frontera cordobesa pero implicado en negociaciones con el cacique Negro y otros chilenos para incursionar sobre esa provincia y San Luis. Lo cierto es que cinco años más tarde su elección por Buenos Aires se hizo más evidente ya que participó en las negociaciones de paz iniciadas por Rosas, producto de las cuales se acordó su instalación en las cercanías del fuerte Federación. 
La situación de la tribu al pactar con el gobierno era de extrema pobreza. En un informe realizado por el comandante Angel Pacheco en 1831 sobre el estado de la tribu se contaban "poco menos de dos cientos indios, un numero considerable de criaturas, siete cautivas grandes y como treinta chicos, no hay mas que diez lanzas entre toda la gente" y en cuanto a los recursos "solo tienen como 400 caballos, cien vacas, poco mas de 400 ovejas y otras tantas cabras, yeguas ninguna y de todo lo demas muy pobres" (AGN,X,24.5.2)
Las tratativas del gobierno con los caciques pampas Catriel y Cachul era de larga data. En 1822, en la comisión de García a la sierra de la Ventana, figuraban entre los jefes indígenas que concurrieron el parlamento. La situación de las parcialidades pampas en en los inicios de la decada del 20 era poco acogedora. El ingreso cada vez más frecuente de indios chilenos a las pampas con el objetivo de obtener ganado los enfrentaba a un doble peligro. Tener que soportar las expediciones punitivas de las fuerzas provinciales que, persiguiendo a los invasores, con frecuencia no discriminaban entre chilenos y pampas en sus ataques y las incursiones de los mismos chilenos. Ante esta situación una alianza con el gobierno bonaerense les garantizaba estar a salvo de los dos enemigos. 

No se disponen de datos de población para esta fecha, pero cuatro años más tarde de su instalación dentro de la frontera un censo realizado en las tolderías consignaba que la población bajo el mando de Catriel era de 1.736 almas compuestas de 520 hombres de pelea, 672 mujeres y 543 jóvenes; bajo el mando de Cachul existían 149 conas, 158 mujeres y 126 muchachos/as 344. Como se ve, fundamentalmente en el primer caso, la estructura poblacional era bastante irregular reflejando que se trataba de grupos que habían perdido gran cantidad de hombres en edad madura posiblemente en enfrentamientos tanto intertribales como con los ejércitos provinciales. 
El ingreso e instalación de Venancio Coñuepan en las pampas ha sido exhaustivamente estudiado por D. Villar y J.F. Jimenez (1996). Los autores consignan que Venancio, cacique mapuche originario de Piuchén ingresaría a las pampas a mediados de la década de 1820 integrando una coalición que reconocía tres bloques definidos: uno conformado por soldados chilenos y liderado por Juan de Dios Montero y dos grupos indígenas uno delos cuales se encontraba bajo las ordenes de Venancio. Este contingente estaba conformado principalmente por hombres de pelea ya que el objetivo declarado del mismo era atacar a los hermanos Pincheira que habían cruzado la cordillera. La escasez de mujeres y la falta de alimentos para sostener un grupo tan numeroso (las estimaciones de distintos autores mencionan un millar de personas) frustró la posibilidad de establecer una base territorial propia y de generar una estrategia de reproducción. La presión de otras grupos, particularmente de la coalición Pincheira-boroganos aceleró la ruptura de la alianza. Mientras un sector indígena regresó a Chile, los otros "resignan su autonomía y refuerzan un acercamiento a los blancos".
De todos modos, la población indígena afectada al negocio pacífico no se mantuvo estable ni en número ni en ubicación a lo largo del período rosista. Sublevaciones de indios amigos, pedido de paces de indios rebeldes y movimientos de algunos grupos ya instalados en búsqueda de mayor protección de sus enemigos, produjeron modificaciones tanto en la cantidad de indios racionados como en los lugares donde se asentaban. Los datos de población con que contamos provienen de los recuentos enviados esporádicamente por los comandantes de frontera a Rosas para ajustar las raciones mensuales que se enviaban. Lamentablemente sólo hemos podido localizar unos pocos los que además, no son contemporáneos para todos los sitios de asentamientos. Sin embargo, estos datos más los que inferimos en función de la cantidad de ganado yeguarizo entregado de ración7 sirven para tener una idea aproximada de cuál era el peso numérico de la población indígena afectada a este sistema y permiten ver algunas modificaciones importantes a lo largo del período. 

CUADRO 1. 
GRUPOS DE INDIGENAS AMIGOS EN LA FRONTERA

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Ref: a=indio de pelea (incluyendo jerarquías); b=mujeres; c=niños; d=total; *= estimación según cantidad de ganado entregado.
Fuentes: AGN,X,24.8.6 (Federación 1832); Sarramone 1993:118-120 (Tapalqué 1832); AGN,X,43.1.2 (B.Blanca 1832); Hux 1991:47 (Federación 1836); AGN,X,25.1.4A (Mayo 1836); AGN,X,25.5.1 (Independencia 1836); AGN,X,25.3.2; (Tapalqué 1836); AGN,X, 25.3.2 (B.Blanca 1836); AGN,X,25.9.1 (Tapalqué 1840).

Algunas consideraciones sobre la situación política de la provincia y acontecimientos internos de las sociedades indégenas permitirá entender con mayor claridad las modificaciones más relevantes que se pueden observan en el cuadro. En primer lugar es necesario mencionar los cambios experimentados en la misma implementación de la política indígena. En otro trabajo habíamos realizado una periodización del negocio pacífico señalando la existencia de tres momentos bien diferenciados: una primera etapa abarcaría el primer gobierno de Rosas (1829-1832) y constituye un período de prueba o experimentación ya que las urgencias del gobierno estaban centradas en la guerra contra la Liga del Interior. En esta etapa las tribus amigas se alojaron en estancias del interior de la provincia donde eran asistidas económicamente por los hacendados. Un segundo momento se situó a continuación extendiéndose hasta fines de 1839, cuando los ataques al gobierno rosista pusieron en peligro la continuidad del régimen. Durante el mismo las tribus amigas fueron asentadas en la frontera, a inmediaciones de algún fuerte debiendo aportar milicias auxiliares cuando fuesen requeridas. El último subperíodo abarcaría el lapso entre 1840 y 1852 cuando, como consecuencia de la oposición polítca cada vez más fuerte que tuvo su mayor expresión en la rebelión protagonizada por hacendados del sur de la provincia , se produjo una extrema "militarización" de la sociedad a la que no escaparon las tribus amigas: varios grupos fueron reubicados, abandonando sus puestos de frontera y pasando a formar parte del ejército rosista.

Esta militarización indígena de la década de 1840 unida a acontecimientos que se produjeron en las propias tolderías fronterizas produjeron modificaciones de importancia en la población asentada en la frontera. La tribu de Llanquelén sufrió a mediados del año 1838 un cruento ataque de los ranqueles donde fue asesinado el cacique y apresada gran cantidad de su gente (Hux 1991:50-51). Ante el temor de un nuevo ataque, algunos indios buscaron refugio hacia el interior, en la localidad de Salto donde a partir de 1840 el juez de paz comenzó a enviar los gastos de rancho de la guarnición y de los "indios amigos existentes aquí" (AGN,X,25.7.3). Las listas de revista realizadas a partir del año 1841 para el pago de prest a los indios de pelea de Federación muestran una merma aún más considerable que la que puede observa en el cuadro ya que se consignan solo 99 personas (AGN,X,17.8.6). Aun cuando no tenemos datos concretos para verificar la población indígena del fuerte Mayo a partir de 1840 conocemos que las tribus boroganas situadas en el fuerte, producto de una mayor exigencia por el cumplimiento de tareas milicianas, se desmembraron en tres divisiones. Una de ellas, encabezada por el cacique Caneullán pasó a situarse en el cuartel de Santos Lugares en tanto las dos restantes se ubicaron en el fortín Mulitas con un total de 58 indios de pelea (Ibidem). 
Luego del levantamiento de los Libres del Sur en 1839, los indígenas concentrados cerca del fuerte Independencia fueron unidos a los de Tapalqué en una sola división militar para perseguir a los sublevados. Finalizada esta campaña y por decisión del gobierno, ambos grupos fueron concentrados en Tapalqué (AGN,X, 25.8.3). La cifra de 1833 indígenas que consignamos en dicho cantón para el año 1840 parece engañosa teniendo en cuenta la unión que acabamos de comentar. Sin embargo, antes de esa fecha, en los años 1836 y 1839 Tapalqué sufrió dos malones de gran importancia protagonizados por una coalición de indígenas chilenos y ranqueles. Uno de los blancos de esos ataques fueron precisamente los asentamientos de indios amigos, por lo que es posible suponer que esos grupos hayan experimentado apreciables bajas en los enfrentamientos. Finalmente cabe realizar un comentario sobre los grupos amigos de Bahía Blanca. La duplicación de su población que se evidencia en el año 1836 deriva de la incorporación de un importante contingente de indígenas boroganos que poco tiempo después realizaría un cruento ataque sobre dicho fuerte y los indios amigos existentes allí desde inicios de la década de 1830. Por lo cual la cifra de 1500 personas no se mantuvo por mucho tiempo.

Ahora bien, cuál era la relación entre la población indígena de la frontera y la población civil y militar de los fuertes? Si comparamos la población indígena estimada para el año 1836 con los datos de población que arrojó el censo provincial realizado dicho año la primera ocupa un porcentaje de un 4,53%. Pero si buscamos la relación existente en los sitios en donde se concentró dicha población la proporción es sustancialmente diferente8. Solamente en el fuerte 25 de Mayo la población blanca superaba a la indígena. Dicha guarnición contaba, en el año 1836, con una fuerza de 148 hombres de los cuales 129 eran soldados regulares pertenecientes a distintas compañias y 59 milicianos (Grau 1949:170). Las tribus boroganas asentadas a su inmediación comprendían 238 almas de los cuales 98 eran indios de pelea. La dotación del fuerte Federación para 1836 constaba de 182 efectivos9 y el censo de las tolderías realizado el mismo año, arrojaba un total de 1096 indígenas de los cuales 412 eran indios de pelea. La guarnición del fuerte de Bahía Blanca alcanzaba a 799 entre oficiales y soldados (Censo 1836 en AGN, Sala X) y la población indígena estimada estaría cerca del doble siendo de suponer que la cantidad de indios de pelea sería similar a la fuerza militar blanca. En Tandil y Tapalqué la desproporción alcanzaba niveles mucho más elevados. El fuerte Independencia estaba defendida en 1837 por 174 milicianos, 37 dragones y 6 artilleros (AGN,X,25.5.1) en tanto los indígenas llegaban a cerca de 1.000 almas con 320 indios de pelea. En Tapalqué se contaba con solamente 31 pobladores blancos y unos 2650 indios.

ARTICULACION ECONOMICA

Siguiendo el modelo de sistema interétnico planteado por Cardoso indagaremos sobre las formas que adoptaron las articulaciones entre los dos subsistemas en el ámbito económico y en el político. Frecuentemente se ha planteado que las tribus asentadas en la frontera, merced a la percepción de las raciones del gobierno abandonaron toda actividad productiva para caer en una profunda dependencia de esas ayudas. Si bien las raciones ayudaron a una recuperación económica de estos grupos y el ganado fundamentalmente fue parte esencial de la subsistencia de éstos, las actividades realizadas en las tolderías mantuvieron la diversidad existente antes del asentamiento.
La economía de las tolderías
Los indígenas recibían mensualmente una cantidad de yeguas para consumo acorde con la población existente en las tolderías. Estas raciones constituían la base de la compensación que el gobierno asignaba por la tarea de defensa que cumplían estas parcialidades. Con ello se buscaba aportar el elemento mas importante de su dieta y alejar "en teoría" el peligro de las incursiones sobre las estancias fronterizas. La dependencia del ganado de ración no implicaba que fuera el único elemento que constituía la dieta de las tribus ni que las remesas bastaran para la subsistencia de la tribu. La existencia de distintas actividades productivas en las tolderías demuestra que no fue así. Poco despues de instalarse sobre la linea de frontera, en la cercanía del cantón de Tapalqué, los Caciques pampas Catriel y Cachul solicitaban a Rosas el envío de lana para repartir entre las familias de la tribu para que "de este modo trabajen y puedan comprar algunos caballos" (AGN,X,24.1.3).

El ganado les proveía de cuero, elemento esencial para las necesidades internas de las tolderías, pero además, uno de los principales artículos de comercio con la sociedad fronteriza. La importancia de este rubro llegaba al punto que algunos indígenas vendían 'hasta los cueros raspados que les serbian en los toldos". De la misma manera en junio de 1850 el Estado no conseguía convencer a los indios de Tapalqué que confeccionaran botas de potro ya que éstos preferían vender el cuero a confeccionar las botas por mejor precio (AGN,X,21.8.1).
La importancia dada por el mismo gobierno a este rubro de intercambio puede seguirse del pleito entablado por José Balcarce como consecuencia del incumplimiento de un contrato celebrado a fines de 1833 para el abastecimiento de ganado yeguarizo a las tribus asentadas en Tapalqué. Uno de los artículos del acuerdo garantizaba a Balcarce la entrega de los cueros del ganado que daba como provisón. Ante la negativa de los indios de entregarlos se revirtió la disposición permitiendose a las parcialidades quedarse con ellos "para formar sus Toldos, para hacer sus riendas, fiadores y maneas y otras clases de trenzados que estos hacen para vender y el que no quiere emplearlo en esto ... se le ha permitido venderlo" (AGN,X,24.8.5)10. 
La actividad de caza igualmente les proveía de alimento y rubros de intercambio, fundamentalmente cueros y plumas. En este caso las boleadas eran aprovechadas por el gobierno para reconocimiento del terreno y aviso de novedades. Es así que se ordenaba a las partidas indígenas "que las correrías las hagan hacia afuera ... porque sirven de descubierta" (AGN,X,25.3.2) 11.Los indios de Federación debían, al salir a bolear reconocer y apresar a cualquier partida de cristianos que estuviera sin seña (AGN,X,24.5.2)

La práctica agrícola pudo ser constatada en todos los asentamientos, con excepción de los indios de Fuerte Mayo. Esta actividad si bien en algunos casos puede ser entendida como el mantenimiento de un patrón ya existente antes de la instalación de las tribus en la frontera12, en otros es evidente que respondía a una tarea introducida a instancias del gobierno para lograr la sedentarización de las tribus. Esta práctica además llevaría a que las tribus no dependieran exclusivamente de las yeguas de ración para su alimentación. Además de enseñar la tarea, el gobierno proveía los útiles de labranza (Ratto 1994b:43). En agosto de 1831 se envia al lenguaraz Jose Antonio Cornejo a Federación "para enseñarles a los indios la siembra de cereales" para lo cual debían contratar un hombre entendido en siembra y cosechas y comprar los implementos y semillas necesarias (AGN,VII,10.4.14). Los logros de esta actividad "civilizadora" eran comentados por el comandante de Tapalque en 1834 para quien "El cacique Reilef es ombre de mucho juicio y laborioso tiene una chacra vastante grande de mais, porotos, sapallos, papas y otra porcion de cosas y sus indios casi todos trabajan y ningun vecino de Azul se queja de ellos" (AGN,X,43.1.2)
Otra actividad que contaba con la promoción del gobierno era la textil13 reflejada por la constante referencia de Rosas de que las chinas tuvieran lana "con que trabajar" (AGN,X, 25.3.2)14. El negocio pacífico incluía una red de obsequios particulares que respetaba estrictamente la escala jerárquica dentro de las tribus en donde el ganado ovino tenía una gran importancia. Además de estas entregas era frecuente el envío de lana a las tolderías15. 
Las formas de interrelación con la población rural: comercio y trabajo
Cueros yeguarizos y sus derivados, cueros de otros animales obtenidos por la caza, tejidos, todos estos bienes constituían rubros de intercambio. Si bien la importancia del comercio indígena ha sido señalado por varios autores16, se plantea con frecuencia que, el sistema de raciones reemplazó los circuitos comerciales en el sentido de que, los bienes que los indígenas obtenían por intercambio eran ahora provistos por el gobierno (Jones 1994). Esta afirmación no es axacta sino que el comercio de los indios amigos con distintos puntos del interior de la provincia mantuvo la importancia de los intercambios de la etapa anterior. Si las raciones garantizaron el acceso de los indígenas a los llamados "vicios" el comercio se mantuvo modificándose los bienes requeridos por éstos. 
Los artículos buscados por los indígenas en sus cambios variaban de acuerdo con los centros de negociación. Las tribus asentadas en la frontera se dirigían principalmente a zonas de producción agrícola de la campaña para abastecerse de bienes que complementaban su alimentación. Las tribus aliadas que mantenían un patrón de susbsistencia basado en la especialización en el pastoreo de ganado, concentraban sus contacto con fuertes fronterizos y principamente con aquellos que eran meros enclaves como Carmen de Patagones y Bahía Blanca para abastecerlos de ganado a cambio de "vicios".
La magnitud del comercio asombraba a los mismos funcionarios de campaña17 por lo que se intentó implemantar medidas para su control. Dentro de esta política se mantuvo la práctica de alquilar "corralones" para alojamiento de las partidas indígenas durante el tiempo que demandaran sus actividades de intercambio. El acompañamiento de las comitivas por milicianos y la supervisión de los cambios perseguían fundamentalmente evitar el robo de ganado tanto de las partidas de indígenas como de pobladores de la campaña que comerciaban ganado robado por productos indígenas18. El comandante del fuerte Mayo informaba a Rosas que las partidas de comercio que partían desde ese fuerte hacia el interior de la provincia 

"van acompañadas con un miliciano de ese destino llevando el miliciano su pasaporte enel cual se expresa el modo en que han de llevarse a caso sus ventas los indios que han de ser siempre en presencia de un teniente alcalde o en su defecto ... de un hacendado capitalista que la pie del pasaporte debe poner su firma, que los cambios que se han hecho con los indios sean legales y de este modo se evite que vendan en el cambio caballos ajenos"(AGN,X,24.9.5)
Dentro del territorio provincial, existían cuatro zonas de la campaña bonaerense que recibían con mayor frecuencia a las partidas de comercio indígena: Monte, Lujan, Lobos y las chacras cercanas al río Salado donde solicitaban preferentemente lana, fruta y maiz. En mayo de 1835 el comandante de Tapalque informaba que 
"casi no hay día que estos [indios] no soliciten pase para las chacras y estancias del Monte o Lobos a traer frutas o otros a traer lana alegando que viene el invierno y no tienen con que cubrir a sus hijos. (AGN,X,25.3.2)19.
Con respecto al trabajo de los indígenas es conocido que el empleo de peones indios no es algo nuevo para la época sino que fue una característica intrínseca de los contactos pacíficos entre las dos sociedades en toda América. En el Rio de la Plata la escasa y dispersa población impidió el establecimiento de encomiendas que en otras zonas de América jugó un rol fundamental como proveedora de mano de obra para la economía colonial. Los trabajadores indios existentes en la ciudad eran prisioneros hechos en las tan frecuentes contiendas militares. Este tipo de trabajadores no podían ser utilizados en el campo por la posibilidad que les brindaba la zona para escapar. Aquí los hacendados debieron hacer gala de sus dotes de negociadores personales para conquistar la buena voluntad de algunas parcialidades y obtener asi algunos trabajadores. 
Lo que se modifica con el negocio pacífico es que por primera vez el Estado toma la iniciativa de subordinar una cantidad significativa de población indígena que cumpliera, entre otros roles, el de "depósito" de fuerza de trabajo. Durante las tratativas de paz llevadas a cabo por Rosas en 1828 a aquellos indios que optaran por vivir en el interior de la frontera y decidieran servir como mano de obra se les entregaba un documento (similar a la papeleta de conchabo para los pobladores de la campaña) para que no fueran obligados a servir en las milicias20.
Sin embargo, el empleo de indios como peones rurales no dejaba de tener sus riesgos para el esquema del negocio pacifico. La cotidianeidad del trabajo rural podía llevar al abandono de la función de milicias con el consiguiente perjuicio para la seguridad de la frontera. En 1836 informaba el comandante Echeverría de Tapalqué que en la campaña contra unos invasores chilenos se había producido la muerte de varios indígenas amigos debido a que "Estos indios viven conchabados por las estancias y estan muy echos a esa vida" (AGN,X,25.6.5). 

En las negociaciones llevadas a cabo con las tribus pampas a fines de 1826 por Rosas se estipulaba que los caciques que quisieran pasar a vivir dentro de la campaña, debían vincularse con algun hacendado que respondiera por ellos. Esta práctica parece haberse mantenido durante esta etapa21 Una carta de Pablo Millalican, escribiente de la tribu de los boroganos dirigida al vecino Francisco Santellanes en julio de 1833 describe detalladamente el mecanismo de relación: 
"suplico a Ud. me haga el favor de llevarlo a ese indio Manuel Casales a la casa de mi amigo su yerno donde fuimos a tener gran comilona con el cacique Cañuiquir y mi compañero Delgado acordandome de ese gran cariño y de las buenas ofertas que me hizo. Mando a esos indios que me haga el favor de darle ospedaje en su casa pidiendo auxilio en los jueces para sus mantenciones. Y juntamente que me haga el favor de ayudarles a cambalachear sus pobresas por mais ... [el cacique Rondeau] en señal de que desea ser su intimo amigo le manda una jerga de estimacion a ese señor donde fuimos a comer y dice ... que le haga la gracia de mandarle un saco de porotos y un saco de mais..." (AGN,X,24.9.1).
Los indígenas buscaban una relación personal con vecinos de la campaña para garantizar sus cambios y, a la vez, solicitar obsequios. Los vecinos a su vez, no realizaban esos regalos de su propio bolsillo sino que recurrían al juez de paz para que los auxiliara. Estos contactos personalizados podían llevar a crear importantes vínculos entre vecinos e indígenas. En febrero de 1835 el cacique borogano Caneullan, ya instalado en el Fuerte Mayo pidió licencia para trasladarse a la guardia del Monte "con el fin de ver a sus amigos principalmente al coronel graduado Vicente Gonzalez y demas conocidos en aquel destino" (AGN,X, 25.1.4). Pocos meses más tarde Gonzalez notificaba el arribo de la cacica Luisa, esposa del borogano Cañuiquir con el fin de "trasquilar las obejas que yo le entregue el viaje pasado y las habia dejado a cuidar a un compadre de esta" (AGN,X,25.2.2)
Si tenemos en cuenta que las tribus de Catriel, Cachul y Venancio estuvieron alojadas en la estancia Los Cerrillos por un período de tres años y tenían una fluida vinculación con dicho pueblo se entiende la creación de relaciones con habitantes del mismo que habría derivado en la permanencia de algunos grupos en la guardia22. En ocasión de la muerte del cacique Venancio, su mujer María solicitó permiso para pasar a la guardia a ver "sus animales" que estaban al cuidado de un hijo suyo. Poco más tarde María expresaría su interés de quedarse a vivir en Monte "entre los cristianos". (AGN,X,25.2.5)
El servicio miliciano de los indios amigos: una articulación "económica"?

Hemos visto que la relación entre la población indígena asentada en los alrededores de los fuertes de frontera y la dotación militar afectada a los mismos favorecía claramente a la primera. De tal manera, al lado de una pequeña fuerza militar blanca existía una importante población indígena 23sobre cuyas milicias descansó en gran medida la defensa de la frontera24. Las ventajas económicas de utilizar a los indios amigos como el principal soporte de la defensa del frontera eran muy grandes. Mientras el mayor gasto de las tribus eran las raciones yeguarizas, el mantenimiento de los fuertes de frontera incluía el pago de sueldos a los efectivos militares y personal civil afectado al funcionamiento del fuerte, raciones de carne y vicios, vestuarios y armamento. Veamos algunos datos.
En el fuerte Federación el gasto en indios amigos se concentraba en las raciones yeguarizas mensuales que, hacia 1836 totalizaban unos 5440 pesos mensuales25. Parte del mantenimiento de la guarnición implicaba el pago de sueldos militares y las raciones de carne26. Los sueldos militares alcanzaban a 4085 pesos mensuales y se enviaban unas 200 reses vacunas mensuales por un valor promedio de 10.000 pesos27. De manera que, tomando en cuenta solamente estos dos rubros la guarnición militar duplicaba el gasto en indios amigos. En el fuerte Mayo los indígenas insumían 1800 pesos mensuales28 en tanto el presupuesto de la guarnición alcanzaba a 14.000 pesos (Grau 1949:171).
Esto evidencia lo "rentable" de la utilización de indios amigos en la defensa de la frontera ya que la existencia de estos grupos servía a dos fines por el mismo precio: mano de obra para las estancias y milicias auxiliares para la defensa de la frontera. Recién a partir de la década de 1840, cuando las milicias indígenas comiencen a percibir regularmente salarios militares a la vez que se mantenía el sistema de raciones, la inversión en estos grupos puede haberse considerado más pesada sobre todo si se tiene en cuenta que la confiscación de la hacienda de los unitarios fue utilizada para el racionamiento del ejército hasta el año 1848 con lo que se abarataba considerablemente el mantenimiento de las tropas provinciales.

ARTICULACION POLITICA

La articulación política dentro de un sistema de dominación, remite a la naturaleza del poder o de la autoridad de un grupo sobre otro. El mecanismo más frecuente que puede encontrarse es la manipulación de la autoridad por los blancos y la reacción de los indios ante este dominio. En el caso que investigamos la intromisión del gobierno provincial en la estructura de poder indígena se hizo evidente en distintas ocasiones.

Una de las estrategias utilizadas por el gobierno fue la creación de una "jerarquía de caciques amigos" y, en ciertos casos una manipulación en la estructura de poder tribal privilegiando a determinados jefes que se presentaban más sumisos en detrimento de otros. Más profunda fue la intromisión en aquellos casos en que el mismo gobernador, a la muerte de un cacique, tomó la atribución de nombrar su sucesor. El primer caso hallado corresponde al año 1834 cuando a raiz de la muerte del cacique Antuan cabeza de una tribu ubicada en Tapalqué, se planteó el problema de su sucesión. Los chasques de Catriel, existente en ese momento en la capital, anunciaban que en su lugar había sido elegido Calfiao. Se produjo entonces un cruce de correspondencia entre el cacique y Rosas donde el gobernador se mostraba sorprendido por la medida ya que "aun no haviamos acordado una cosa definitiva" y si bien se había pensado en Calfiao como sucesor "no recuerdo que resolviesemos que ya se mandase reconocer". Catriel tambien se muestra sorprendido ya que "desde que este reconocimiento no ha tenido la asistencia del comandante Muñoz jefe del punto, lo considera todo muy informal e impropio". Para Rosas el camino correcto debió ser la realización de una junta con los indios de la tribu y representantes de Rosas y Catriel - Cachul con la propuesta de estos últimos; si la misma no era aceptada por los indios debían éstos reconocer a otro jefe ya que "es preciso consultar tambien en la parte posible que los subditos queden contentos". En los hechos el informe de los chasques era falso y los indios de Antuan solicitaban permiso para radicarse en Tapalque "puesto que no tenian sucesor nombrado" (AGN,X,43.1.3)
La misma situación se produjo a la muerte de Cachul acaecida en febrero de 1839. En el momento de su muerte se hallaba en Tapalque el cacique Catriel a quien el comandante Bernardo Echeverria informó que "pensaba consultar a V.E. sobre la persona que debía aser cabeza de dicha tribu... [alertando a Rosas que] los encargados interinamente del cacicato estan advertidos que deben sujetarse a lo que V.E. disponga" (AGN,X,25.6.5)
Para Cardoso la amenaza del uso de la fuerza es inherente a todos los sistemas interétnicos (1968:350). En el caso que analizamos la violencia latente reviste algunas particularidades que conviene remarcar. Esta estrategia no era aplicada indiscriminadamente por Rosas hacia todos los grupos indígenas ni se encontraba presente en forma permanente como marco de las relaciones. El negocio pacífico llevaba el compromiso implícito de que el gobierno ayudaría económicamente a aquellas tribus que se comprometieran a no incursionar en las estancias defendiendo la frontera. Sin embargo, ante las denuncias sobre robo de ganado, el gobernador no actuaba de modo homogéneo. Solo ante algunos grupos y con evidencias muy claras de infidelidad, el gobernador llegaba a amenazar con la "pérdida de su amistad". 

Por el contrario, en el trato cotidiano lo que se observa es un gran cuidado en no causar alarma entre las tribus. En agosto de 1831 el comandante de Federación notificaba haber detenido a dos comerciantes que habían arribado con pase del juez de paz de Salto para comerciar en el fuerte pero que habían declarado su intención de llegar a las tolderías de Llanquelen para vender sus mercaderías. El comandante les impidió el pase y los comerciantes se acercaron donde acampaban los indios para comunicarselo lo que los enojo mucho y "por no irritarlos mas no los puse presos esa misma noche" (AGN,X,24.5.2) De igual manera, en la entrega de obsequios y fundamentalmente de vestuarios se intentaba contentar a los indígenas. En ocasión del reparto de vestimentas para un grupo de indígenas, Rosas ordenaba al comandante del Parque de Artillería, donde estaban depositadas las prendas, que intantara no entregar prendas militares, pero "si tanteandolos se ve que esto puede disgustarlos en tal caso puede seguirse como siempre". (AGN,X,23.9.5)
Qué podría deducirse de esta actitud "conciliatoria"? Es evidente que al gobierno provincial no se le escapaba el poderoso factor de presión que significaban estos grupos indígenas en la frontera. De ahí que, en la medida en que su conducta no fuera extremadamente peligrosa para la seguridad de la campaña (y en este sentido el robo de algunas cabezas de ganado bien podría considerarse un riesgo que debía correrse), Rosas utilizaría toda la diplomacia de que fuera capaz para "mantenerlos contentos".

En resúmen, las tribus amigas cumplían dos tareas bien definidas para el conjunto de la población rural: la seguridad de la frontera mediante su servicio como milicias auxiliares y el trabajo rural. En este sentido, el negocio pacífico no debe ser visto solamente en función del grado de efectividad que tuvo en el mantenimiento de la paz en la frontera sino en el conjunto de ventajas económicas que reportaba. Al caer el régimen, observadores adversos al mismo no dejaron de admirar la política indígena de Rosas. Alvaro Barros, comentaba en la década de 1870 que si bien Rosas no exterminó ni venció a los indígenas en su campaña al desierto, 
"conquistó su buena voluntad y establecio las bases de la mayor seguridad que despues tuvieron las fronteras... Los resultados que con el se obtuvieron habrian debido enseñar a los hombres de Estado que vinieron despues pero desgraciadamente desatendiendo siempre las exigencias de la seguridad publica es bien visible que solo se ha buscado la satisfaccion de las ambiciones personales... Con el derrocamiento del tirano fue trastornado el orden por el establecido y la guerra civil dio margen luego a los indios para emprender activas incursiones. ... no se tuvo en cuenta los resultados favorables obtenidos por Rosas... "(Barros 1975).


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NOTAS

1. Universidad de Buenos Aires, Instituto de Historia Argentina y Americana "Dr. Emilio Ravignani"
2.A los trabajos pioneros de Villalobos (ver bibliografía) siguieron las investigaciones desarrolladas por León Solís sobre los procesos políticos de las etnías mapuches, Cerda Pincheira centrada en el rol de la mujer indígena, Mendez Beltrán relativa a los parlamentos del siglo XVIII y otros. 
3.En nuestro país, Raúl Mandrini inició la renovación historiográfica seguido por los trabajos de Miguel Angel Palermo y Martha Bechis. Para una puesta al día sobre la producción acerca de la problemática indígena pampeana ver Mandrini 1992.
4.Ver nuestra tesis de maestría: "La política de fronteras en la provincia de Buenos Aires, 1810-1852", cap. 1.
5. Esta política dual no fue de ninguna manera original de Rosas. No solo había sido aplicada con regular éxito por el maestre de campo Amigorena en la frontera de Mendoza durante la colonia, sino que formaba parte de varios proyectos que, para el arreglo de la frontera se formulaban en la época. El representante más relevante de esta postura es, sin dudas, Pedro Andrés García (ver Gelman, Jorge "Un funcionario en busca del Estado. Pedro Andrés García y la cuestión agraria bonaerense, 1810-1822". Mimeo, 1997; pág. 21-22)
6.De igual manera y para el análisis específico de la frontera araucana, Arturo Leiva (1984) planteaba que la vida cotidiana se desarrollaba en una situación de "guerra latente".
7. Según los listados que tenemos donde se indican cantidad de yeguas entregadas a cada cacique, existía una relación que oscilaba entre 3,6 y 3,8 yeguas mensuales por persona por mes.
8.Con excepción del fuerte de Bahía Blanca, la dotación de los demás fuertes de frontera no estan contabilizados en los censos mencionados por lo cual debimos recurrir a las relaciones de fuerzas enviadas por los comandantes para el pago de sueldos.
9.Dotación integrada por la Compañía de Dragones de nueva creación, un piquete de artillería, otro de infantería y la 2a. Compañía de Carabineros. (AGN,X,10.2.1)
10. Los negociantes de Tapalqué encargaban constantemente a los indios de la zona botas de potro y en una ocasión es el Estado quien interviene en la compra de solo 50 pares de calzado por no hallar más ya que los indios prefieren "sacar el cuero entero para hacer mejor precio y menos trabajo" AGN,X,21.8.1
11.En algunos casos la tarea de "correr el campo" se asignaba en forma directa (ver orden al cacique Guilli en Chapaleufu en AGN,X,25.3.2).
12.Para una crítica a la posición clásica que plantea la ausencia de prácticas agrícolas en las tribus pampeanas y aún de la pérdida de esta actividad en los grupos chilenos que migraban, ver Mandrini 1986.
13. La importancia del comercio de ponchos pampas ya era evidente en el siglo XVIII. Sin embargo mientras en los inicios los textiles provenían de Chile, en la siguiente centuria los ponchos llevados al mercado de Buenos Aires eran de confección local (Garavaglia 1986; Palermo 1994).
14. Referencia similar en julio de 1833 ante el envío de ovejas a los indios boroganos de Guaminí "para qe. tengan de donde hacer sacar lana a las Chinas para qe. trabajen" (AGN,X,27.5.7). 

15.Vicente Gonzalez, comandante del parque de San Miguel del Monte, realizaba reservas de lana "por que este es el mejor regalo que puede hacerse a los Indios y con utilidad pues cuantos indios tienen andan preguntando por lana" (AGN,X, 25.2.2). 
16. En la mayoría de los casos nos encontramos solamente con la ennumeración de los atículos intercambiados. La excención fiscal que tenía el comercio indígena además de la parte de él que se realizaba clandestinamente impide pasar de un análisis cualitativo a otro cuantitativo que permita acercarse a un conocimiento sobre el peso que este circuito tenía en el general de la provincia.
17. En mayo de 1834, el comandante del fuerte Mayo anunciaba que más de 60 indios, algunos sin pasaporte, habían pasado a realizar sus cambios en las chacras cercanas al río Salado (AGN,X,24.9.1). Cuatro meses más tarde, desde el mismo fuerte se informaba que la cantidad de comerciantes indios había llegado a 200 (AGN,X,24.8.6). 
18.En septiembre de 1834 el comandante del fuerte Mayo alertaba sobre el robo de caballos y yeguas que sufrían algunos propietarios en manos de "holgazanes" que comerciaban el ganado robado con los indios (AGN,X,24.8.6). 
19.Referencias similares en AGN,X, 25.1.4 y 25.1.4A.
20.Asentadas las tribus en la frontera, el comandante de Tapalqué informaba que se encontraba abocado a la realización de la "relación clasificativa de los indios capaces de trabajar en puestos" según lo ordenado por Rosas (AGN,X,25.3.2).
21.El problema se plantearía cuando el hacendado en cuestión era adversario del régimen. Esta parece haber sido la situación con el hacendado de la guardia de Luján Felipe Barrancos que habría adquirido la posición de "protector" de indios tempranamente; en 1831 era requerido por el cacique pehuenche Toriano "para que lo ayude" económicamente. La relación del hacendado con el régimen no era buena: en 1840 sus posesiones fueron embargadas por considerarselo unitario opositor al gobierno de Rosas. De ahí que en más de una oportunidad Rosas aconsejara a sus sublaternos en la campaña que intentaran disuadir a los indígenas de esa relación. Así, en 1831 escribía a su hermano Gervasio que el dijera a Toriano que él era el único que podía ayudarlo y que Barrancos "ya esta muy apoltronado y no en estado de andar en los campos" (AGN,VII,3.3.2). Nuevamente en septiembre de 1833 dentro del contexto de fricción existente entre los indios boroganos y Rosas, el gobernador se lamentaba de que el cacique Cañuiquir, a pesar de sus expresos pedidos, había enviado a sus hijos y a su esposa Luisa a la estancia de Barrancos donde habían oído hablar mal de él (AGN,X,27.5.7).
22.En las rendiciones de cuenta realizadas por Gonzalez por obsequios entregados a indígenas siempre discriminaba entre los bienes para los indios "que se van"y los que "existen en este pueblo".
23.Sin embargo, en ocasiones el riesgo de este desbalanceo era evidente. En el año 1839 luego de la revolución de los Libres del sur, el comandante de Tapalque confesaba que "la fuerza numeraria de estos indios es, en proporcion a las que tenemos al presente a su inmediacion algo respetable". El hecho no pasaba inadvertido para los propios indios que comentaban "nosotros somos hoy muchos y los cristianos muy poquitos" (AGN,X,25.6.5). 
24. Esto se reflejaba también en la composición de las fuerzas militares combinadas que actuaban sobre los indios enemigos. En una acción contra los ranqueles realizada en 1835 por una fuerza combinada de efectivos del Regimiento No. 3 de Campaña e indios amigos se contaban 85 soldados y 190 indios del cacique Cañuiquir. En los aprestos para una campaña a las Salinas Grandes que se lanzó hacia fines del año 1837, el coronel Del Valle notificaba que la división del Tandil a su mando contaba con 142 milicianos y 127 indios esperándose la incorporación de 200 indios más (AGN,X,25.4.4).
25.Calculando unas 340 cabezas yeguarizas mensuales a 16 pesos cada una. 
26.No se ha podido establecer los gastos en armamento y vestuario ya que no se encuentran disciminados en la contabilidad provincial por fuertes.
27.Libro Mayor de la Tesorería de la Provincia de Buenos Aires, año 1836. (AGN,III)
28.El comandante del fuerte informaba que consumían unas 120 yeguas mensuales las que eran abonadas a 15 pesos.


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