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Mbaporenda: el lugar donde hay trabajo. Migraciones guaraníes al noroeste argentino

Silvia María Hirsch
Departamento de Antropología. Princeton University

Desde fines del siglo pasado y con mayor intensidad en este siglo cientos de indígenas guaraníes (conocidos como chiriguanos) del sureste boliviano, han migrado al noroeste argentino en busca de trabajo. Caminando durante un mes, llevando a cuestas apenas lo indispensable y a veces acompañados por sus familias, los guaraníes llegaban a los ingenios y fincas de Salta y Jujuy para incorporarse como mano de obra estacional.

La dependencia y explotación a la que se veían sujetos en las haciendas y en las misiones, la pérdida de su territorio y la persecución tras la derrota de sus últimas sublevaciones fueron las causas principales que motivaron a que cientos de guaraníes buscaran una fuente de ingreso mejor a la que poseían en Bolivia. Las migraciones al norte argentino, que al principio para muchos fueron estacionales, con los años fueron permanentes y produjeron un gran impacto en la cultura guaraní. En la Argentina los guaraníes convivieron con otros grupos étnicos (indígenas chaqueños, quechuas, criollos) aprendieron nuevos oficios, se educaron en las escuelas de los ingenios, incorporaron elementos culturales del entorno y tuvieron experiencias que influyeron en su imaginario colectivo. Cientos de guaraníes regresaban todos los años a sus comunidades en Bolivia trayendo consigo herramientas, animales, vestimenta distinta e ideas nuevas y esto generaba nuevas expectativas y necesidades. Los guaraníes se apropiaron de elementos culturales ajenos y los resignificaron de acuerdo con su contexto y sus necesidades.

Este estudio es un acercamiento antropológico a las migraciones guaraníes al norte Argentino y se concentra en dos aspectos: las causas que motivaron las migraciones y el impacto que estas produjeron en la cultura y el imaginario colectivo de este pueblo.

Reseña Etnográfica

Los guaraníes pertenecen a la familia lingüística Tupí-Guaraní. Son el resultado de la fusión de dos grupos: los guaraní (1) (de filiación lingüistica tupí-guaraní) y los chané (filiación arawak). Se asentaron a lo largo de las estribaciones orientales de los Andes en los actuales departamentos de Santa Cruz, Chuquisaca, y Tarija y en chaco boliviano (Izozo). Los guaraníes fueron durante siglos un pueblo esencialmente migrante. Como lo indica Saignes (1986:13) " los chiriguano llevan en su nombre la migración y el mestizaje". Desde las antiguas migraciones guaraníes que los introdujeron a Bolivia, y su asentamiento en el piedemonte cordillerano y el Chaco, los guaraníes se han constituido como grupos móviles. Motivados en sus orígenes por la obtención de metales, por el mesianismo (la búsqueda de la Tierra sin Mal), por el impacto de la conquista, asi como también por factores de política interna, construyeron nuevas comunidades y se asentaron en zonas inhóspitas (Pifarre 1989, Clastres 1975, Métraux 1927).

Los guaraníes no pudieron ser conquistados por los Incas y hasta fines del siglo XIX se organizaron sublevaciones contra los colonos que se asentaban en su territorio. Sin embargo a partir del siglo XVIII se establecieron una red de misiones franciscanas en casi todo el territorio guaraní. Eran pocas las comunidades que se mantenían fuera del control misional o del control de las haciendas.

En la actualidad se denomina guaraní a los grupos que se autodenominan Ava, Simba,Chané e Izoceños (2) Tanto los guaraníes de las estribaciones orientales de los Andes (Ava) como los izoceños tienen un sistema de organización política tradicional. La máxima autoridad a nivel de regional es el Capitan Grande(Mburuvisa Guasu), su posición es generalmente hereditaria y su autoridad es reconocida en todas las comunidades de su jurisdicción. El Capitán Grande es asistido por asesores y alcaldes que tienen funciones específicas. A su vez cada comunidad es liderada por un capitán (mburuvisa), un alcalde y asesores. La existencia de este sistema de organización política en la sociedad guaraní ha sido un aspecto fundamental de la persistencia del grupo ya que este sistema ha permitido movilizar intereses colectivos como la defensa de las tierras y mantener un sentido de continuidad e identidad étnica. En lo que atañe a las migraciones a la Argentina, los capitanes han jugado un papel importante como intermediarios entre el grupo y los contratistas de los ingenios azucareros.

Situación de la Chiriguanía a fines del siglo XIX

A fines del siglo pasado en el sudeste de Bolivia, la mayor parte de la población guaraní se concentraba en torno a las misiones franciscanas. Las misiones cumplían varias funciones: neutralizar las tribus hostiles que habitaban en la región, centralizar a la población indígena en unidades fácilmente administrables e incorporarlas a la vida económica nacional (Langer 1987: 306). Las misiones "socializaban a los indígenas para convertirlos en trabajadores agrícolas para el colono y las plantaciones del norte argentino" (Langer 1987:307).

Hacia fines del siglo XIX el otorgamiento de tierra a los hacendados fue más laxo. Grandes extensiones de tierras fueron otorgadas a aquellos que combatieron a los guaraníes; esto incrementó el establecimiento de haciendas. Estas nuevas haciendas necesitaban mano de obra temporal y los guaraníes pronto se convirtieron en peones. Por otra parte las misiones tuvieron un gran auge dado que muchos indígenas prefirieron que las misiones se establecieran en su territorio para poder de esta manera mantener sus tierras y cierta independencia de las haciendas ( Langer 1989:137).

En las haciendas los indígenas eran explotados, obligados a trabajar como peones en condiciones adversas, con bajos sueldos y mal trato por parte de los hacendados. Los guaraníes eran también importantes consumidores de los productos que llegaban del altiplano y la Argentina (coca, machetes, ropa ). Lo que producían y comercializaban en las misiones no les alcanzaba para sus necesidades. Comienzan entonces a emplearse en los ingenios y haciendas incentivados por las misiones que se fueron convirtiendo en generadoras de mano de obra. Esto a su vez benefició a los hacendados que recibieron mano de obra barata y temporal. Los hacendados mantenían a los peones indígenas forzados a trabajar mediante el sistema de deudas.

En 1919 las misiones fueron secularizadas ( si bien esto se efectivizó en la década del 40), y fue entonces cuando muchos se vieron forzados a buscar trabajo asalariado en otra parte y algunos siguieron trabajando en las haciendas, mientras que otros continuaron migrando a la Argentina. Más aún, ya se habían sometido a una situación de dependencia económica difícil de revertir.

No se sabe que proporción de la población indígena migró a la Argentina. Según indica Langer (1989:142), en 1886 habría 46.000 chiriguanos en Bolivia y en 1912 la población era de 26.000. Sin embargo, esta drástica disminución también se debió a epidemias y guerras con los colonos. Más aun, Langer (1989:142) estima que los guaraníes habrían migrado para evitar las persecusiones de los colonos blancos después de las masacres de 1877 y 1892. Al comienzo los Franciscanos estimularon las migraciones al enviar a los indígenas a la Argentina durante la época de carestía para procurarse ropa y otros bienes necesarios. A partir del auge que tuvo la industria azucarera en la Argentina, los guaraníes se convirtieron en mano de obra indispensable en la zona.

El auge económico en el norte argentino

A fines de siglo pasado y comienzos del siglo XX se produce un auge económico en el noreste argentino. En las últimas décadas del siglo XIX la oligarquía regional de Salta y Jujuy instala ingenios azucareros. Con vastas extensiones y acceso a ríos para la irrigación, las plantaciones azucareras se convierten en zonas de poderío económico y político regional. A medida que aumentó la producción, el ingenio precisó un mayor número de trabajadores. Al principio se contrató a los indígenas del Chaco (tobas, mataco, chorote) que fueron en muchos casos forzados a trabajar en los ingenios. Pero estos indígenas, que recibían el peor trato y los salarios más bajos, causaban problemas (rebeliones, peleas intra-grupales, falta de adaptación al trabajo, etc.) en los ingenios. Por ende, los contratistas comenzaron a buscar mano de obra en Bolivia entre los guaraníes e indígenas quechuas del sur de Bolivia y entre los pobladores del norte de la provincia de Salta y Jujuy (Quebrada de Humahuaca, Santa Victoria, Iruya, Valles Calchaquies, Santiago del Estero).

En 1882 se completan las líneas de ferrocarril que conectan Tucumán y Jujuy. A su vez, en 1912 la producción de azúcar se duplicó y aumentó el número de inmigrantes bolivianos (la población boliviana en la Argentina aumentó de 3.779 en 1895 a 12.854 en 1914). Otra de las razones por las cuales los ingenios comenzaron a contratar mano de obra boliviana fue que los zafreros argentinos se organizaban en sindicatos y reclamaban mejoras salariales y mejores condiciones de trabajo. Por lo tanto, los contratistas optaron por contratar más trabajadores en Bolivia que no participaban en las movilizaciones políticas (Whiteford 1981:19).

En la década del 50 se produce otro auge económico e inmigratorio; en 1957 el presidente Aramburu aprobó el decreto 3.958 que estimulaba el contrato de mano de obra boliviana. En 1958 se firmó el Convenio Argentino-Boliviano, que fue el primer convenio que trató el tema de la inmigración. Este convenio estipulaba que el gobierno boliviano permitiría la salida de hombres en buen estado físico para trabajar en Argentina. En la Argentina se les daría permiso de trabajo por seis meses. Entre 1969 y 1965 la producción de azúcar aumentó en un 55 por ciento (Whiteford 1981: 26).

En un estudio desarrollado por Whiteford sobre la migración de Bolivianos a los ingenios en la década del 70 indica que las principales causas de la migración son: bajos salarios en Bolivia, falta de recursos y crédito, acceso limitado a la tierra y falta de irrigación, conflicto civil y empleo limitado. Muchos bolivianos preferían migrar a la Argentina en vez de trabajar en la zafra en Santa Cruz. Los guaraníes comienzan a migrar a los 5 principales ingenios de Salta y Jujuy: San Isidro, San Martín de Tabacal, La Esperanza, La Mendieta y Ledesma y a las fincas y aserraderos de la región.

En el viaje realizado en 1908 y 1909 al noroeste argentino, y en su paso por los ingenios el etnógrafo sueco Nordenskiold observa lo siguiente:

"Todos los años miles de indios vienen desde Bolivia y el Chaco argentino a buscar trabajo. El éxodo hacia la Argentina se debe a la pacífica apertura de los habitantes indígenas del Sur de Bolivia, que buscaban liberarse de la dependencia de los blancos a la cual todavía están sometidos" Nordenskiold (1983:210).

Una gran cantidad de indios hace a pie el largo viaje a la Argentina, ya que son pocos los que tiene caballos; tienen que recorrer por los menos 500 kilómetros y este es un hermoso paseo. El motivo de su viaje es conseguir cosas indispensables para ellos, como cuchillos, hachas y ropa, que son muy difíciles de obtener en su propio país. Cuando trabajan en su pueblo, generalmente son mal pagados y en el extenso territorio donde viven es casi imposible encontrar trabajo.

Muchos de ellos me han dicho que si hubiera ocupación donde ellos viven no harían el viaje. Una cosa sí es segura, que estos viajes a un hermoso país extranjero son una tentación para ellos. Estos viajes a la Argentina les amplían sus conocimientos sobre herramientas de diferentes usos, cuchillos, armas y también sobre la geografía del Chaco y, de esta manera la cultura primitiva de los indios irá también cambiando. En estos viajes también aprenden un poco de castellano.

Muchos chiriguanos vienen con toda su familia a las fábricas de azúcar para no regresar jamás a su patria. La vida de estos indios transcurre más o menos como la de los trabajadores blancos. Viven en una especie de cultura como de conserva enlatada y no tienen ninguna de sus cosas características. Llevan pues una vida muy triste, peor a la que pasaban en su propio país."

En una carta del General Villegas (3) al Ministro de Guerra y Colonización, fechada en Caiza el 30 de septiembre de 1914, el general escribe lo siguiente:

"En cada una de las Misiones hice llamar a la indiada y estando reunida, le hablé del motivo de mi visita, interrogándoles en conjunto y en privado, por la causa del éxodo a la República Argentina y si tenían alguna queja contra los Conversores, que motivara dicho éxodo. Ellos dicen que van en busca de trabajo mejor remunerado, pero mis observaciones han hecho ver que la costumbre adquirida en la República Argentina, les ha hecho brotar un ansia de ir allá, por gozar de la más amplia libertad, de embriagarse a su satisfacción, de concurrir a las casa de tolerancia y trabajar solo cuando les place, obteniendo en cancelación de largo tiempode trabajo, un caballo o yegua para montar o un arma de fuego, fusil o escopeta, por la que tienen predilección.

El principio de este afán ha sido instigado por los contratistas o enganchadores, mucho de ellos casiques indios, como Taco, hijo del Gran Casique Mandeponay, han recibido y reciben constantemente, obsequios en ganado alambre para cercos y dinero, paseando hasta Buenos Aires a costa de los señores Leach y Co, pagándoles ademas $16.-por peon que les entregan o los remiten a sus establecimientos.

Hoy para el indio constituye la aspiración suprema ir a la República Argentina, donde ve cosas nuevas que le llaman extraordinariamente la atención y a la que le llama baporenda, que significa el país del trabajo y para ir allá, se escapan de sus hogares sin que pueda haber un móvil que los detenga; abandonan a la esposa y a los hijos, así como sus chacras y el poco ganado que pudieran tener (p.489). Generalmente se van jóvenes a los 16 a 18 años de edad y tardan mucho tiempo en volver, quedando algunos definitivamente. Los PP. Conversores han tratado de detenerlos por todos los medios posibles, no logrando conseguir su propósito ni con el matrimonio, pues les permiten casarse desde los 14 años; sin embargo, ha habido indio que se ha ido á la Argentina al día siguiente de su matrimonio abandonando a su novia, segun referencia del R. P. Bernardino de Nino.

En la actualidad el indio que puede reunir unos 5 0 6 bolivianos, ya tiene lo suficiente para irse a la Argentina por su cuenta y si todos dispusiesen de dinero, tambien se irían. Aprovechando esta facilidad, es que los enganchadores los comprometen para llevarlos o enviarlos a sus espenses y ganarse los 16 pesos argentinos, que por cada peon, reciben en los establecimientos azucareros".

En un estudio realizado por Conti y Lagos (1988) se describe la situación del trabajador guararaní comparándola con la de los otros trabajadores indígenas del Chaco:

"Los chiriguanos, provenientes del Chaco boliviano, en general se trasladaban voluntariamente y por su cuenta a los ingenios. Los inspectores enviados por el departamento Nacional de Trabajo en 1914 y 1915 a la región los consideraban como la clase privilegiada entre los indios, observando que sus ocupaciones se desarrollaban tanto dentro de la fábrica -pues muchos de ellos eran jefes de maquinaria- como en los cañaverales, macheteando, pelando y cargando caña. Además, el salario que percibían era superior al de los tobas y matacos, igualando casi al del bracero cristiano".

Con respecto a esto Nordenskiold (1989:211)observa lo siguiente:

"En los ingenios he visto, particularmente a los matacos y chiriguanos, trabajar en las faenas que les asignan. Los primeros son más hábiles para la cosecha de caña, mientras que los otros son mejores sembradores. A los matacos y algunos chiriguanos les pagan a destajo y a los mejores de estos últimos les cancelan su jornal igual que a los blancos. Por regla general algunos chiriguanos reciben un peso diario o uno y medio, los hombres matacos cuarenta centavos y las mujeres veinte, ademas de la comida. El tiempo de trabajo para ellas es de ocho horas y para los hombres diez".

Para llegar a la Argentina los guaraníes caminaban un mes, durmiendo en el camino, o en alguna hacienda y llevando a cuestas, charqui, harina de maíz y agua. Se adaptaron fácilmente a las nuevas condiciones de trabajo, ya que habían trabajado como asalariados en Bolivia, y además encontraban la nueva situación laboral favorable. Al ver que por su trabajo eran remunerados y podían regresar a su tierra llevando ropa, animales, herramientas, aumentaron las expectativas en las comunidades y fue mayor el número de migrantes cada año. La migración a la Argentina constituía entonces una estrategia de supervivencia frente a las pocas y malas oportunidades que ofrecía el entorno boliviano. En el imaginario de los guaranies la Argentina se constituye como Mbaporenda (ambapo: 'tejer"," trabajar", renda: "lugar") " el lugar donde hay trabajo", y ese trabajo es bien remunerado.

En las primeras migraciones a la Argentina era el capitán el encargado de llevar a los trabajadores. Este se desempeñaba como contratista e intermediario. Frecuentemente, los capitanes eran quienes mejor hablaban el castellano y sabían negociar con los blancos. Los dueños o representantes de los ingenios se dirigían a ellos para poder contratar el personal. En las misiones los mismos capitanes incentivaban a la gente para que migrara a la Argentina, porque para ellos era lucrativo ya que recibían una cuota por cada trabajador que reclutaban. Mandeponay, capitán de la misión de Macharetí, y uno de los caciques más conocidos de la historia chiriguana, figura en un documento de la época criticando esta actividad. (Langer 1987:316). En muchos casos los capitanes defendían los intereses de su gente, cuidando de que se les pagara lo que les correspondía. Por otra parte recibían beneficios económicos de los patrones a expensas del trabajo de los zafreros.

En el Izozo se presenta el caso de que los capitanes incentivaban la migración de trabajadores para conseguir los fondos necesarios para tramitar los títulos de las tierras en La Paz. El siguiente testimonio es parte de una entrevista al actual Capitán Grande del Izozo, Bonifacio Barrientos Cuellar, cuyo padre migró en la década del 20 a la Argentina:

S: ¿ por qué te parece que los capitanes son contratistas?

BB: Ellos salían para pagar el aporte para la tierra y ellos los capitanes se convertian en contratista. Como ahora ya no es como un aporte, sino como un explotador, ya nomás son los capitanes. Más antes, ellos trabajaban para pagarle la tierra, y ahora ya trabajan para beneficio de los contratistas o sea de los capitanes. Más antes ellos los capitanes solamente como era aporte, llegaban aqui los patrones entonces sacaban una cantidad y hacen contrato dicen por esta cantidad la gente van a trabajar 3 meses, no dice cuanta gente pero todita la gente tiene que ir a trabajar 3 meses.

La Guerra del Chaco: migración y asentamiento en territorio argentino

En la década de 1930 un gran número de comunidades guaraníes no habían sido evangelizadas y tampoco se habían establecido escuelas. Estas comunidades tenían poco contacto con la sociedad boliviana. Con excepción del contacto con algunos misioneros evangélicos o hacendados de la zona, en muchos casos los indígenas conocían más de la Argentina que de Bolivia. En la década del 30 se produce una de las mayores migraciones a raíz de las consecuencias producidas por la guerra del Chaco entre Paraguay y Bolivia (1932-1935).

Cientos de guaraníes fueron reclutados en el ejército boliviano para combatir en la guerra, o para trabajar como zapadores. Por otra parte, miles de guaraníes del Izozo y de la cordillera chiriguana fueron llevados como prisioneros al Paraguay por el ejército paraguayo. Según Grünberg (1975:14)

" A fines de 1934 tropas paraguayas ocuparon Carandaity, y para abril de 1935 habían tomado ya toda la zona oriental de la Chiriguania central hasta Charagua, dejando muy atrás el Parapití. La parcialidad de los Guaraní que había permanecido en el lugar, confraternizaba exitosamente con los paraguayos....En el transcurso de los siguientes meses hubo una retirada parcial de las tropas paraguayas de la región de la Chiriguania sumándose a ellas algunos miles de Guaraní occidentales. Las razones determinantes para ellos fueron dos: la amenaza de una masacre por parte de las avanzantes tropas bolivianas, que declararon colaboracionistas a todos los Guaraní de esta región, y la promesa por parte de altos oficiales paraguayos, de reintegrarles su ganado faenado y de entregarles al este nuevas y fértiles tierras para cultivo.

En los campamentos militares del lado paraguayo habitaba en el año 1936 un total aproximado de 5000 Guaraní e Izozo, de los cuales unos 4000 emigraron de nuevo, la mayor parte a la Argentina, a causa de discrepancias con el Comando Militar, surgidas a raíz de la repartición de víveres, en julio de 1938 se firmó el Tratado de Paz con Bolivia y se fijaron los límites comunes, hecho que para los Guaraní occidentales que permanecieron en el lado paraguayo significaba una mudanza de su habitat original al Chaco central. En esta época vivían unos 1000 Guaraní en el Chaco paraguayo, 800 en el Fortín Guachalla en el Alto Pilcomayo, y unos 200 como obreros en la fábrica de tanino de Puerto Casado."

Los guaraníes permanecieron por dos años en los campamentos paraguayos, luego miles regresaron a sus comunidades del Izozo y la chiriguanía pero muchos murieron en el viaje de regreso y otros cientos huyeron a la Argentina por miedo a las represalias dado que habían sido acusados de colaborar con los paraguayos. En la Argentina los guaraníes se incorporaron al trabajo asalariado en las fincas e ingenios y fundaron nuevos asentamientos en la provincias de Salta y Jujuy.

Si bien en la década del 40 y 50 los guaraníes continuaron migrando al norte argentino, la guerra del Chaco implicó la última migración masiva hacia la Argentina.

Testimonios recogidos por Bernand (1973) en el Ingenio San Martín del Tabacal revelan la situación de explotación a la que se veían sometidos los guaraníes en los ingenios hasta la década del 40. Aun cuando trabajaban durante una semana recibían dos días de pago, y estaban sujetos a violencia física por parte de los contratistas y loteros. Si bien es obvio que los guaraníes se hallaban en una situación de dependencia y explotación en las fincas e ingenios del noroeste argentino no estaban sujetos a la situación de violencia que vivían los demás indígenas chaqueños. Los guaraníes iban voluntariamente y no eran forzados a migrar. Este tipo de mano de obra era rentable para los dueños de las plantaciones ya que podían contratar y pagar a los trabajadores sólo cuando lo necesitaban. Durante el resto del año el trabajador y su familia se mantenían a través de la agricultura, pesca, recolección, etc. La época del año en la cual migraban coincidía con los meses de carestía en sus comunidades producidas por factores climáticos (época seca).

Durante el gobierno de Perón (1943-1955) se organizaron sindicatos que tenian el apoyo del gobierno y la situación en los ingenios mejoró: aumentaron los salarios, disminuyeron las horas de trabajo, y los trabajadores recibieron beneficios. Por lo tanto, las mejoras que en lo social y económico se llevaron a cabo durante el gobierno de Perón beneficiaron a los indígenas zafreros.

Para los dueños de los ingenios resultaba doblemente beneficioso contratar mano de obra en Bolivia: los indígenas no hacían reclamos salariales ni se incorporaban a las huelgas. Al no tener en regla sus documentos o permisos de trabajo su posición era más inestable. Muchos regresaban a sus comunidades en Bolivia el resto del año lo cual no implicaba un gasto para el ingenio, mientras que otros formaban nuevas comunidades en la Argentina, cercanas a los ingenios y con disponibilidad de mano de obra para el trabajo estacional.

Mbaporenda: utopía guaraní

La historia guaraní comienza con migraciones, mesianismo y utopía. Métraux (1930:303), compara las antiguas migraciones guaraníes con las de principio de siglo al norte argentino, describiendo las similitudes, la admiración y orgullo de los guaraníes por los objetos que traían del norte argentino.

Partiendo hacia el Chaco y los Andes, los guaraní obedecieron a las mismas aspiraciones que estos pobres Chaguancos (Chiriguanos) que uno se cruza en el otoño sobre las rutas que conducen a la Argentina. Los primeros guaraníes que atravesaron el Chaco y regresaron bien vestidos, con ornamentos de metal seguramente suscitaron las mismas reacciones que los Chiriguanos modernos que entran en sus aldeas después de seis meses de estadía en la Argentina. Hay que verlos ahora, bien vestidos, con botas y espuelas trotando con orgullo a caballo. Pregúnteles sobre sus experiencias: con orgullo les contaran sus buenas fortunas, harán alusión a sus sangrientas peleas y les dirán de su admiración por todas las cosas sorprendentes que han visto. Es por obtener cuchillos, hachas, y ganado que han partido. Son estos bienes los que han generado la necesidad de mejorar su existencia y adquirir todos los encantos de la aventura y de un viaje al país de las maravillas.

Al regresar de su estadía en la Argentina, los guaraníes no solo introducían nuevos objetos sino también ideas, valores, expectativas y necesidades distintas. Mbaporenda, el lugar donde hay trabajo, se convierte en un lugar utópico, el lugar donde se paga bien por el trabajo, donde se puede ir a la escuela, aprender castellano, donde abunda la comida y además es posible aprender nuevos oficios en las fincas agrícolas.

Los recuerdos de Mbaporenda

Para los indígenas guaraníes los recuerdos sobre sus experiencias en Mbaporenda constituyen una parte esencial de sus narrativas cotidianas, son experiencias transformadas en la historia oral que se transmite de generación en generación. Durante mi estadía en el Izozo de 1986 a 1988 grabé los siguientes testimonios de varios hombres que migraron a la Argentina durante su juventud.

Sambakati era una anciano mayor de 70 años cuando lo conocí y al saber que yo soy argentina comenzó a contarme lo siguiente:

S: Yo empecé a ir en 1920, yo tenía 19 años cuando fui por primera vez.

P: ¿Por qué iban?

S: La gente salía por mucho abuso de los blancos, preferían ir a empatronarse que trabajar gratis.

P: ¿Cómo era el trabajo en la Argentina?

S: El trabajo era bueno por eso se han ido allá. Venía uno de allá y le conversaba al otro, y de esa manera se iban. Cuando ellos llegaban les devolvían lo que habían gastado en el pasaje, la ropa le daban todo completo.

P: ¿Qué clase de trabajo hacían?

S: La zafra de caña, al principio de la zafra. Primero se hace un desmonte grande, en ese tiempo sólo se cortaban los árboles por el tronco, ahora el trabajo es cavando la tierra para sacar la raíz todo, en ese tiempo no me quedaba mucho tiempo en la Argentina. Cuando fui por primera vez estuve 9 meses y no valía mucho en esa época la ropa, hay de 15 centavos, o 20 centavos, 5 pesos costaba un traje hermoso.

P: ¿y los patrones eran buenos?

S: Buenos, nos atendían muy bien, por eso iban desde aquí hasta allá.

P: ¿Los patrones querían a la gente?

S: Si, y teníamos Masati (persona que se encarga de proveer de víveres ) nos hacia comer en una hilera de bancos por 10 centavos, yo comia locro con puchero grande. Nos atendía mejor que nuestras madres. ¿Qué quiere comer? nos pregunta y lo que uno desea pide. Asi era mi época.

P: ¿Tenían contratistas?

S: Nadie nos decía vamos. Iban así en grupos los pobres hombres.

P:¿Les daban vivienda?

S: Vivíamos en lotes y linda vivienda nos hacían, cada cual tenía su cuarto casillas de chapa, eran una hermosura las casitas en hileras. También la casa del patrón era linda.

P: ¿Por qué se quedaban tanto tiempo en Mbaporenda?

S: No querían venir a su casa, vivían bien, por eso ya no quería regresar, algunos se volvían. Algunos que se quedaron de muy jóvenes no regresarían al Izozo, yo tengo un sobrino allá que se fue cuando era muy joven.

Don Lorenzo aun recuerda los salarios de Mbaporenda y compara el trabajo en la zafra argentina con la de Bolivia.

Don Lorenzo

P: ¿ Y por la Argentina les pagaban bien?

L: Nos pagaban bien, a 12 pesos el jornal, cuando esa plata valía , entonces la ganancia era bien pagada por el trabajo, alcanzaba para comer, en cambio por Santa Cruz la ganancia es poquísima ni para comer alcanza, ni para comprar carne por eso sólo por allá comemos manteca con arroz, y nada más, en cambio en Argentina, la vida es mas cómoda para los trabajadores".

El siguiente testimonio es de un izoceño que migró a la zafra a comienzos de la década del 60.

Alberto Cuellar

P: ¿Dónde trabajaba?

A: En Ledesma, en el Tabacal San Martín.

P ¿Y cómo era el trabajo?

A: Bonito,

P :¿Bonito, por qué?

A: El trabajo cuando uno trabaja bien con cuerpo sano se gana la plata y se vuelve acá.

P:¿ Ganaban bien?

A: Ganábamos. De ahí nosotros vinimos con plata y hemos comprado en Orán montura y bombachas, montura completa hemos tenido, asi con ese dinero cambiamos por un toro o una vaquilla de ahi ya comenzamos a tener vacas.

Doña Helena, una mujer de más de 70 años recordó con lágrimas en los ojos sus viajes a Mbaporenda:

H: Fui a Mbaporenda cuando era chica, me llevaban mis padres, mi papá trabajaba en Ledesma, es tan lindo Mbaporenda, allí está mi hermana, mis sobrinos, mi hermano. En Mbaporenda se come bien, hay pan francés, no falta nada.

En la actualidad muchos guaraníes contin´yan viajando a la Argentina, muchos de ellos van de "vacaciones" para visitar a sus familiares en las comunidades y pueblos de Salta y Jujuy. Don Chiraye, un izoceño de 70 años, observa lo siguiente:

" En la Argentina se viaja bien, a uno le dan el boleto y viaja tranquilo en su asiento. Mucho ha progresado la Argentina, antes Tartagal, Embarcación y Orán eran todos pueblitos y ahora son ciudades con autos y camiones, los argentinos son mas "hatangatu" (valientes) que los bolivianos, trabajan y se ve su trabajo. En Mbaporenda hay mucho respeto."

Para Don Chiraye a pesar de la explotación a la cual se veían sujetos los zafreros:

"Mbaporenda es bueno porque siempre hay trabajo, y pagaban bien y en ese tiempo el dinero valía, 15 centavos costaba un kilo de azúcar, un kilo de carne, un peso costaba una camisa. La ropa era buena."

Don Chiraye me indicó que cuando terminaba la zafra les regalaban una muda de ropa completa, y hasta les regalaban animales (burros y caballos) y recordaba que en la época de Perón daban muchos regalos a los trabajadores. Recuerda las huelgas en Ledesma en el año 44, y la organización de los sindicatos. Muchos guaraníes me indicaron que no participaban en estas movilizaciones, apenas hablaban castellano y no se sentían integrados a la lucha sindical, otros indicaron que si había huelga ellos tampoco trabajaban.

Utopía en este contexto es considerado como "una dimensión de lo posible, como la potencia anticipadora de lo que los deseos y la acción colectiva lograrán en el futuro" (Barabas 1986:499). Bloch distingue la utopía concreta de la abstracta. La concreta la define como la "espera-esperanza de un mundo mejor que surge de la conciencia de las colectividades descontentas, y cuyos contenidos se encuentran siempre mediados por la participación colectiva" (Bloch en Barabás 1986:526). La utopía brinda la posibilidad de transformar la situación existente para encontrar una situación de bienestar mayor. El tradicional mesianismo tupí-guaraní, residía en la creencia de que el lugar utópico era un lugar concreto al cual se podía acceder sin tener que morir, su morada era esta tierra, y para llegar era necesario emprender la marcha y cumplir con el ritual necesario.

Esta revalorización de Mbaporenda-Argentina no necesariamente hace referencia al corpus mitológico guaraní. Si bien Mbaporenda no es la Tierra sin Mal, es la tierra con menos mal. Las características del lugar utópico con los años se acentúan e idealizan, se tornan imágenes-creencias indiscutibles que son compartidas por el grupo. Pocos recuerdan los aspectos negativos, la explotación a la cual estaban sujetos en los ingenios y el mal trato por parte de los contratistas y patrones. Se evocan a los familiares que quedaron en Salta o Jujuy, se imagina que la vida hubiera sido mejor si se hubieran quedado en la Argentina, hubieran podido progresar y no sufrirían las carencias que ahora sufren. Comparativamente, en la Argentina la situación laboral era mucho más favorable que en Bolivia. La idea de que en la Argentina la vida es mejor, que abunda el trabajo, la comida y hay posibilidades de trabajo se transmite de generación en generación hasta el presente. Aún hoy en día jóvenes guaraníes, hijos y nietos de los migrantes de Bolivia viajan para conocer Mbaporenda, reencontrarse con sus parientes y en algunos casos para radicarse definitivamente.

Las migraciones a la Argentina, las prolongadas estadías, producen profundas transformaciones en la sociedad guaraní. Estos adoptan una indumentaria distinta (característica del norte argentino), se introducen mayor número de animales (caballos, burros), herramientas, se adopta la costumbre de tomar mate, que hoy en día constituye un rasgo característico de su cultura. Aquellos migrantes que fueron a la escuela en la Argentina, regresan a sus comunidades con más prestigio y status, hablando mejor el castellano y con los años se transforman en los futuros contratistas u ocupan cargos de liderazgo en las comunidades.

En el caso del Izozo, las migraciones a la Argentina produjeron profundas transformaciones en el ámbito político y organizativo. El fallecido Capitán Grande del Izozo, Bonifacio Barrientos Iyambae, vivió muchos años durante su infancia y juventud en la Argentina (en la década del 20 ) . Cuando este dirigente ocupa el cargo de Capitán Grande durante la década del 40 y 50 introduce innovaciones en las comunidades tales como la formación de cooperativas de consumo y ganaderas, solicita el establecimiento de escuelas y expresa la necesidad de capacitar a la juventud y construir un hospital. En la Argentina sus vivencias le habían enseñado que era posible progresar económicamente si la gente se organizaba y se unía. La idea del desarrollo y del progreso que perdura en la actualidad ha llevado a que se acepte el ingreso de organizaciones de desarrollo y de apoyo estatal para lograr un mejoramiento socio-económico de las comunidades.

Los guaraníes se apropian de elementos culturales foreáneos que no les pertenecen y los adaptan a su contexto y sus necesidades. Tomar mate se convierte en una actividad netamente indígena y constituye un importante aspecto de las relaciones sociales en las cuales las mujeres se visitan diariamente llevando sus yerberas y su mate. Muchos migrantes llevaron a sus hijos y permanecieron por varios años en la Argentina. Estos niños asistieron a escuelas argentinas y recibieron más instrucción de la que hubieran recibido en Bolivia. Al regresar a sus comunidad muchos de ellos con los años se transformaron en dirigentes, encargados de la iglesia evangélica y de estimular la educación en sus propios hijos. Los conceptos de educación, progreso y desarrollo son readaptadas y resignificadas no como un forma de emular al criollo sino para mejorar las condiciones de vida de las comunidades manteniendo la identidad, la estructura comunal, el universo simbólico y el lenguaje.

Tanto la utopía como el mesianismo surgen cuando la sociedad sufre amenazas tanto internas como externas (Laplantine 1977). El proyecto utópico no es el de realizar una sociedad diferente, dicha sociedad se materializará cuando se encuentre la tierra utópica. La utopía brinda la posibilidad de transformar la situación existente para encontrar una situación de felicidad. Lo que legitima el pensamiento utópico son las expectativas de que el lugar utópico es mejor que las previas condiciones de vida, y que la actual situación de explotación, peonaje, reducción en las misiones va a ser sustituido por un lugar ideal concreto.

Todos los migrantes comparten la creencia en que en "Mbaporenda" la vida es mejor que en Bolivia y que los años que trabajaron como zafreros fueron provechosos para ellos. Es notable que pocos recuerden los abusos y la explotación a la cual estaban sometidos en los ingenios. Hay quienes comparan con el trato que recibían los indígenas chaqueños y sienten que ellos eran mejor tratados.

Conclusión

Los estudios sobre la migración a la zafra suelen enfatizar la transformación de los indígenas en mano de obra asalariada, la pérdida de sus modos de subsistencia tradicionales y la explotación inhumana a la cual estaban sometidos (Riester 1979 ). En este artículo he intentado presentar un acercamiento a la migración a la zafra desde una perspectiva distinta. Recurriendo a las narrativas de los guaraníes basadas en sus experiencias en la en la zafra argentina se perfila una historia de migración construida como vivencias enriquecedoras, en las cuales se destacan la obtención de objetos codiciados, el aprendizaje de oficios y el encuentro con un país distinto.

Mbaporenda, el lugar donde hay trabajo, es construido en el imaginario guaraní como un lugar casi "idílico", quizás esta visión ayude a pensar que es posible encontrar espacios donde los indígenas son mejor tratados y respetados, aún sin estos espacios son imaginados.

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NOTAS


1 Durante los siglos XV y XVI se producen masivas migraciones de grupos guaraníes provenientes de Brasil hacia Paraguay y Bolivia. Estos grupos comenzaron a migrar motivados por el afan de conseguir herramientas y objetos metálicos y por la búsqueda de un paraiso terrenal conocido como Kandire: la tierra sin mal. Al ingresar en el actual territorio boliviano los guaraníes toman como esclavos y practican la antropofagia con los chané. 
2 Si bien este trabajo se refiere a los guaraníes en general, utilizaré datos recogidos en la investigación de campo llevada a cabo entre los izoceños (1986-1988) asentados en la región Izozo (provincia Cordillera, departamento de Santa Cruz, Bolivia) y que comparten son los otros grupos guaraníes (ava y simba) el idioma, muchos aspectos de su cultural y organización social. Hoy en día los izoceños se hallan asentados en 17 comunidades a lo largo del río Parapetí. 
3 Archivo de la Casa de la Cultura, Villamontes-Fondo Delegación del Gran Chaco, Copiador 3 del 24 de mayo al 4 de noviembre, 1914. 


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